Miguel Ángel Romero Romero*
En 1808, dos días antes de la batalla de Bailén, Napoleón establecía un balance muy positivo de las operaciones encaminadas a invadir España. Hacía incapié, eso sí, en una región en la que se cernía una amenaza y en la que urgía obtener una victoria contundente y definitiva: Andalucía. Con este fin, envío un ejército al mando del General Dupont, persona en la cual el emperador tenía mucha confianza pues había sido vencedor en los campos de batalla de Marengo (1800), Halle (1806) y Friendlan (1807). Así pues estas tropas, procedentes de Toledo, entraron en Andalucía por Despeñaperros sin el menor contratiempo hasta instalar sus cuarteles en Andújar el día 2 de Junio de 1808. Posteriormente, ante Córdoba encuentran la primera oposición, en el puente de Alcolea defendido por tropas españolas, (aproximadamente 15.000 voluntarios y 1.400 regulares), al mando del Teniente Coronel Échavarry, presidente de la junta provincial de Córdoba. El resultado de esta confrontación fue la derrota de las tropas españolas. El ejército imperial obtenía así paso franco hasta Córdoba; ciudad que durante nueve días fue saqueada, siendo expoliados la mayoría de los tesoros artísticos de sus templos.
La noticia de este saqueo provocó el levantamiento de la junta de Sevilla, a las órdenes de la cual se puso inmediatamente el general Castaños, jefe del ejército español en Sevilla, (aproximadamente 20.000 hombres), y el levantamiento de la junta de Granada (General Reding, sus tropas presentaban aproximadamente 15.000 efectivos), que rápidamente enviaron estas tropas a la zona comprendida entre Andújar, Bailén y La Carolina para contener a las tropas francesas. Finalmente, Reding y Castaños decidieron establecer posiciones defensivas en Bailén. La batalla comenzó a las tres de la madrugada la noche del 18 al 19 de Julio.
Las tropas francesas atacaron cinco veces las líneas de Reding que no fueron derrotadas; esto, unido a la importancia de las bajas sufridas así como el conocimiento de la llegada de tropas españolas de refresco a las órdenes del general Lapeña, hicieron que el general Dupont solicitase una tregua.
Parece ser que este receso en las hostilidades permitió la llegada de tropas francesas de refuerzo (División del general Vedel), lo que permitió obtener una posición de fuerza a Dupont que reanudó la batalla. El resultado de este segundo combate fue contrario a las armas francesas y rápidamente Dupont propuso la rendición de una de las tres divisiones francesas implicadas en la lucha (División de Barbour). En principio Castaños aceptó el trato, pero la intercepción de un despacho francés que ordenaba al general Dupont el repliegue de todas sus divisiones, provocó que Castaños pidiese la rendición de las tres divisiones francesas. Ante la magnitud de la exigencia, Dupont intentó reanudar la lucha pero sólo la división de Vedel tenía la capacidad para hacerlo. Las otras dos se encontraban muy mermadas de efectivos como para hacer frente al ejército español. Dupont mandó replegarse a la división de Vedel para que volviera a Madrid. Ante esta situación, Castaños sintiéndose engañado, amenazó con exterminar a la división de Barbour. Dupont cedió y mando correos a Vedel para que volviese al campo de Batalla y que se rindiese junto con las otras dos divisiones francesas. El día 22 de Julio de 1808, Dupont firmaba la capitulación de su ejército. Los soldados franceses derrotados eran considerados por la junta de Sevilla como prisioneros de guerra. ¿Qué tiene que ver toda esta sucesión de hechos con LEBRIJA?... la respuesta en breve.
*Miguel Ángel Romero, es
Ingeniero Naval y aficionado a la historia de España