Yo me puedo pasar días enteros sin salir de casa. A veces me siento un poco como Sigourney Weaver en la peli “Copycat”, donde interpreta a la doctora en Psicología Helen Hudson, una experta en asesinos en serie; uno de ellos le da un susto de muerte y casi la mata (literalmente), y desde entonces ella sufre una agorafobia que la mantiene recluida en su apartamento.
Esta tarde he estado con Cuca, mi amiga medio pija, (eso dicen). Ella aprovecha cuando nos vemos y hace psicoanálisis conmigo, porque por lo visto, ni la psicóloga privada a la que acude con sus gemelos a terapia, ni el psiquiatra que la ve por “el seguro”, dan con la tecla de sus dudas existenciales y dice que yo soy mucho más efectiva.
Enviado por: Laura R. in [Sin etiquetar] on
nov 23, 2009
En primer lugar y lo más fundamental, un saludo. Acto seguido, me presento.
Mi nombre es Laura y es la primera vez que paso por Lebrija digital. Tengo veintiún años, soy estudiante de fotografía y tengo la sensación en el cuerpo de que aún me quedan muchísimas cosas que aprender. Soy lo que podría llamarse un cachorro todavía.
Además, soy una de esas personas que escriben, o así me gusta a mí llamarlas. Esa gente cuyo nombre no aparece impreso en la portada de ningún libro en ninguna librería, pero que sin embargo dedica por puro placer sus ratos libres a escribir pequeños relatos, reflexiones, pensamientos o artículos sobre las cosas que les interesan. Me gustan las palabras, me gusta compartirlas con la gente y que ellos lo hagan conmigo.
Otra forma de comunicarme, es la imagen. Llevo año y poco conociendo mejor el mundillo de la fotografía, lo suficiente como para haberle pegado un buen mordisco y haberme enganchado por completo a ella. He aprendido el poder que puede llegar a tener una imagen, la responsabilidad que ello conlleva y el privilegio que mismamente supone crear una imagen y usarla como medio para comunicarse con otros.
A través de mi objetivo puedo seleccionar mi propia visión de las cosas, de las personas y de las ideas para acercar un poco más a la gente a mi propio y particular filtro del mundo. Es una forma más precisa quizás que las palabras para intentar, al menos, que otra persona pueda mirar a través de mis ojos. O centrar su atención en los detalles que quizás pasan desapercibidos en la vida diaria, pero que si se saben mirar, pueden no solo resultar bellos sino arrancarte una lágrima o una sonrisa.
No quisiera aburriros, siendo la primera vez que paso por aquí para dejar mi huella de cachorro. El invierno empieza a asomar la cabeza y con él, el frío. Con sus días grises, intuyo que no me faltará inspiración para volver a escribir pronto y contaros quizás alguna de esas cosas que la gente que escribe como yo gusta de compartir.
Tarde del dos de noviembre, día de los difuntos. Ni yo misma me creo que ardan en mi salón dos velas de esas que venden ahora para estas ocasiones y que duran muchísimas horas. Definitivamente: me estoy haciendo mayor. Sí querida Ángeles, aunque te suene ya a repetitivo, pero es que cada vez soy más consciente de que hago cosas que antes me parecían ridículas, o que ni siquiera me preocupaba de ciertas fiestas, tradiciones y costumbres. Este año, sin embargo, sentía que tenía que recordar a mis padres de alguna manera, ya que no he podido acercarme a mi pueblo, como otras veces.
Un día, mi amiga Sury y yo, estábamos enfrascadas en “análisis mentales“ que a las dos nos encanta. Ella decía que no hay nada como aplicar la lógica en saber decir las cosas bien para que así ocurran de la manera que más deseamos. Sury, incluso coqueteaba con la idea de escribir un libro sobre la importancia de cómo decir las cosas y empezó a ponerme ejemplos de conductas de personas conocidas por ambas. En efecto, muchos malos entendidos, comportamientos inadecuados y desenlaces que se producen en la mayoría de las situaciones, están estrechamente relacionados con la forma que tenemos de expresar una idea, aún cuando eso sea lo que realmente queremos transmitir.
La vida es más que un viaje. Son paisajes con alma de recuerdos, repletos de embarques y desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en alguna parada, y tristezas en otras.
Mi querida Ángeles: Dirás que estoy un poco vaga, que no me acuerdo de escribirte; pero es que el verano ha sido largo, y ya te puedes imaginar… la playa, los viajes, los paseos y las noches de tapas y cervecita, al fresco…, bueno, a veces más que al fresco, al calor de las plazas. Hoy sí que tengo ganas de ponerme a escribir; quiero compartir contigo las emociones que me ha producido el último viaje a mi pueblo, que, como sabes, está en plena sierra de Mágina. Lástima que te hayas marchado sin poder conocer ese lugar mágico; porque Mágina tiene magia. Claro, dirás, ¿qué va a decir ella? Y quizás tengas algo de razón, que el corazón es el que habla en este caso, y no la realidad objetiva. Sí, amiga mía. Me estoy dando cuenta de la importancia que tienen las primeras vivencias en un lugar, sea el que sea.
Alguien que conozco se vió abocada no hace mucho a tomar una decisión que no imaginaba llegar a tener que tomar. Al principio parecía simple: no me interesa lo que me ofreces, no lo acepto y tema zanjado.
Querida Ángeles: Ha llegado Agosto y con él, ya sabes, lo de siempre: la gran huída. Carreteras completamente repletas de coches; las multitudes tapizando las playas con sus cuerpos pálidos, deseosos de sol y de recibir la caricia del mar del levante español; todo por escapar de la vida cotidiana, de los días sin-sentido de este mundo loco en el que pretendemos vivir durante un mes, mientras el resto del año nos limitamos a ir tirando.
Ya he hablado en alguna ocasión de mi amiga Sury. Es realmente ocurrente; en realidad, casi toda su familia lo es sobre todo su hermano July (de “Julito”). July es diez años mayor que Sury pero ella desde chiquitita, se pegaba a él como una lapa y la verdad es que ha dado sus frutos.
Hace años cuando “España iba bien”, estuve de vacaciones en un Resort de esos en los que puedes hacer un poco de todo. El sitio, ubicado en Los Pirineos parecía la montaña por la que brincaban Heidi y Pedro como locos todo el día. Era una preciosidad.