|
Hetairas, gineteras, lumiascas, rameras, haldraposas, mujeres de gusto y
de la vida, putas de medio manto, pellejas, coimas, rabosas, mujeres
raídas, putas de empanadas, de gelosía, de natura, honestas, usadas,
putanas, putañonas, putarazanas, zorras, en fin, putas. Cuantiosos los
apelativos que las designaron y hoy día las nombran. Palabras que de
pequeño buscábamos en el diccionario para tener el pequeño placer de lo
tabú. En nuestros tiempos de meapilas a las putas se les ha borrado parte
de sus nombres y se les han limitado sus diferentes categorías
profesionales. Si tienen tiempo o interés, busquen La Lozana Andaluza y
verán cuántos tipos diferentes de putas había en los bajos fondos de una
Roma renacentista llena de judíos españoles. En la memoria de La Patria
de Nebrija puedo recordar las referencias a los diversas mancebías y
lupanares ubicadas, creo recordar, en la calle Cuba. Hay un momento en
la vida de nuestros albañiles que, para que salgan derechas las rayas de
los azulejos de la cocina que nos reforman, necesitan pasar por la ITV de
los bajos del coche, y dejarse partes de los cuartos haciendo las piruetas
que entre semana sólo contemplar, embelesados y manubrio en ristre, en
Spice Platinum. Cuando digo albañiles, amor, digo hombres, de toítos
colores, tamaños y procedencias gremiales y religiosas, que hasta tíos
más rojos que el tomate del terreno de Los Palacios se dejan llevar por la
brújula de su centollo. No estoy al loro de las tarifas de los lupanares de
la zona, que imagino albergan -es un decir, llamar albergue a un hortera
puticlub de carretera- un sólo tipo de prostituta: inmigrantes que se dejan
parte de su historia en el camino para pasar por el taller del amor antes
que por la oficina de Extranjería. En las ciudades las cosas son diferentes,
hay algunos colores más, y a las inmigrantes se les suman algunas niñas
monas españolas que necesitan pasta ingente para pagar un nivel de
gastos en ropa o estudios universitarios que no controlarían currelando en
Mercadona, de 8 a 16. Algunas, incluso, lo barnizan tanto, el servicio,
que si no hubiera mantecati con bacalati de por medio, pareciera que son
inteligentes amigas guapísimas con las que conversar amablemente frente
a un excelente whisky... Pero ya saben, incluso a los albañiles del dinero,
de esos con ajustados trajes ,también les pica el pijo, y sí, niña, mu mona,
pero vámonos p’arriba que esto es lo que hay y aquí hay que acabar
como mandan los cánones. Que se hable del sexo es infinitamente mejor
que no se hable; que se hable de la prostitución no es que sea mejor, es
que es necesario para dotar de dignidad a un trabajo que podría ser tan
noble como el de poner ladrillos en los chaleres de los puteros. Amen,
insisto, con amor, con cualquier tipo de amor.
|