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Nuestras vidas son los ríos... Imprimir E-Mail
Manuel González Pérez   
viernes, 14 de noviembre de 2008

Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar. Nuestras vidas, ¿qué vida? ¿Dónde estoy? Por qué extraña razón todo me parece tan raro, tan ajeno a mí. Estas butacas, este gran teatro que tiene el nombre de un viejo conocido. En realidad, ¿qué ha ocurrido? ¿Cuánto tiempo ha pasado? Sin embargo, estoy aquí y todo me resulta hiriente, todo me resulta escabrosamente viejo, como si en realidad, lo que está ocurriendo en el escenario hubiese pasado hace ya mucho tiempo; o incluso no hubiese pasado jamás. Volverán las oscuras golondrinas… Qué va, qué va, jamás volverán. Nunca más volverán. Porque todo ha sido finiquitado. Todo se liquidó en el saldo de la transición. Y yo, ¿quién soy ahora? ¿Qué extraño personaje es el que está asistiendo a este recital de Paco Ibáñez? Suena el móvil… ¿quién será? “Oye Paco, que no se te olvide que mañana lunes tienes que pasar por la notaría para firmar las escrituras de nuestro chalet de Punta Candón. Sí, sí mujer, no te preocupes, pasaré. Pero no se te olvide fijar la lista de invitados a la comunión de nuestro Borja; deben ir ya por trescientos. Verás Paco, qué comunión. Será la envidia de todos. En fin, yo me iré temprano porque tengo que estar en la subsecretaría adjunta al secretario de dirección del nuevo organismo creado expresamente para averiguar el sexo de los papeles sin timbrar, adscrito como tú sabes a la Consejería de izquierdistas reconvertidos en progres ricachuelos del departamento de asuntos olvidados de la Junta. Sí mujer sí, no te preocupes que yo después del recital de esta noche ni siquiera te molestaré, me meteré directamente en el yacuchi, pondré la música ambiental y después de masajearme me acostaré sin que tú te des cuenta. Aunque la verdad es que de un tiempo a esta parte tú nunca te das cuenta cuándo me acuesto, ni cuando me levanto. Sí, sí, sacaré los perros setter a pasear antes de irme a la cama. Pero ahora déjame que aquí en el teatro Juan Bernabé están aplaudiendo y no sé a qué, porque la verdad es que, a mí, ni fu ni fa. Y lo más curioso es que yo, hace ya mucho tiempo, antes de conocerte a ti, esta misma canción, Andaluces de Jaén, fue el detonante para que yo saliera a la calle y me enfrentara a los grises y pidiera la inmediata aplicación de la reforma agraria. Porque hay que ver cómo estábamos: por un lado Franco, que no se moría; por otro, la falta de libertad, y ese deseo tan hacendado dentro de nosotros por cambiar la sociedad y hacerla igualitaria. Un mundo dónde todos fuéramos iguales. ¿Te imaginas Pepa?

Es curioso, están aplaudiendo a una canción que lo que dice es que los andaluces de Jaén son aceituneros altivos. Y este Paco Ibáñez, que me resulta familiar, pero nada más que eso, porque la verdad, no logro ubicarlo.

Y lo más curioso de todo es que el teatro está casi lleno. Me lo decía mi abuelito me lo decía mi papá. En la luna blanca de los bandoleros sangraba el costado de sierra morena. Uy, uy, que esto a mí me suena, aunque ya sea cincuentón… Sí, si esto a mí me suena. Ya está: es el tocadiscos aquel en donde escuchábamos las canciones. Pero, ¿qué tengo que recordar? Aquel fue un tiempo y éste es otro. Y antes como antes, y hoy como hoy. No hay nada más que decir. Qué querían ustedes, que yo desaprovechara el tirón y no me colara de jefe adjunto al departamento de inutilidades varias perteneciente a la consejería de asuntos sin resolución, a su vez adscrita al subsecretariado recogedor de inútiles izquierdistas que abdicaron un día de todas y cada una de sus ideas y que ahora amasan fortunas, chalets en la costa, hijos en colegios privados sine die, nie cuanon, sine… ¡sine Gibalbín!¡Ostia Pepa! ¿te acuerdas los lotes que nos dábamos en el cine Gibalbín? Olvidemos Pepa, olvidemos. Ahora lo que tenemos es que programar las vacaciones de verano, porque yo a Cuba no voy más, aunque a ti te guste mucho el dry martín tendida bajo el cocotero en la playa de arena blanca. Y yo con mi camisa de flores y frutos tropicales me torne rojo como el cangrejo. No, no, Pepa, este año iremos a Cancún, o mejor a Río, claro, claro, Río de Janeiro. Pero corta ya Pepa que no me entero de este concierto de un tal Peco Ibáñez, que dice llamarse cantautor de toda la vida. Y la verdad, de corazón Pepa, no te lo vas a creer pero yo no lo conozco. Lo veo tan anticuado. Pues no que el tío sigue hablando de Julia, vamos, de cosas tan utópicas y pasadas que no sé ni cómo ha caído aquí, con lo bien que estaríamos en casa, y con un güisqui largo en la mano, tirado en el sofá dándole al mando de la televisión. Y tú, entregada a esa manualidad que tanto te gusta y que forma parte del curso que se está haciendo en la Casa de la Cultura, sobre la decoración de figuras de escayola con pan de oro. Porque hay que ver la fortuna que te has gastado en pan de oro y todo para sacar un san José. Pero tranquila Pepa, que entre tú y yo ingresamos todos los meses alrededor de ochocientas mil pesetas. Y del trabajo no nos van a echar, precisamente a nosotros, viejos luchadores por la libertad y el progreso. ¡Coño Pepa! ¿Tú sabes lo que está cantando el tío éste ahora?: ¡A Galopar, a galopar!

Se me han humedecido los ojos Pepa. Toda la sala está en pié aplaudiendo y yo a este Paco Ibáñez, que mira por dónde me empieza a resultar muy familiar, aunque serán delirios míos. Bueno, bueno, será mejor que me ponga también a aplaudir no sea que sospechen.

Pepa, de buenas a primeras me he acordado de cuando teníamos veinte años. Te acuerdas de aquel Serrat, de Lluis Ilac, de Víctor Manuel, de Atahualpa Yupanqui, Quilapayún, de Víctor Jara? ¿Te acuerdas Pepa? ¿de los mítines del Bizco Patota, de las octavillas del PTE ¿Qué no te acuerdas Pepa? ¿Cómo es posible?... ¡Si éramos nosotros! Ah, que estoy confundido, que nosotros no éramos. Sí, sí, Pepa, comprendo, entonces era todo veleidad, sueño, quimera. Y que me olvide me dices, que me olvide. ¡Pero si eso lo tengo olvidado mujer, era por comentar algo! Se me ha olvidado decirte que ha llamado Antoñi y que dice que mañana en Sevilla tenéis que escaquearos un poco del departamento porque tenéis que ir a una muestra de moda de lo más in, y de paso te pasas por la casa Audi. ¡Ah!, y me compras las raquetas de tenis y los palos de golf por si vamos este fin de semana a la dehesa Montenmedio. Y ten cuidado con la Visa oro. Utiliza mejor la American Express. Bueno, un beso cielo, que este concierto está terminado, aunque a decir verdad no sé bien a qué he venido yo aquí. Ni yo conozco a este Paco Ibáñez, ni nada; aunque tal vez resulte ser aquel de los discos que nosotros… ¡Pero qué anticuado se ha quedado este hombre!

Pepa, te llamo ahora desde la Peña; que no sé que me ha pasado, pero resulta que una vez terminado el recital, me han entrado unos retortijones de barriga, que será mejor que te acerques a por mí. Bueno, bueno, si no puedes venir, que venga la criada rumana que para eso está. Y lo bien que le pagamos. Con cuarenta mil pesetas esa mujer es una reina. Anda, anda que venga. Pero si está durmiendo Juan Luis. Pues la despiertas, que para eso están las criadas, para que se las despierte a cualquier hora, o qué mundo es éste. ¡y que no se ponga tonta, que la despido!, como Juan Luis que me llamo: jefe de los servicios adjuntos a la secretaría de relaciones institucionales de la Dirección General de inútiles escogidos entre los más fieles a la causa y director administrativo de las deudas nacidas de las dietas de los altos cargos, también inútiles,  así como del kilometraje del personal adscrito al programa de la beoda vuelta al mundo en busca de recursos de no se sabe para qué. ¡Coño, faltaría más, con la puta criada! ¡Obreritos a mí! Y no se te olvide echarte Channel Número 5, porque desde hace años, huele como a podrido, como a ambiente en descomposición en ese dormitorio donde morimos cada día tú y yo.

Un hombre solo, una mujer, así, tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada, no son nada…

 
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