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EEUU en el golpe de estado contra Allende II
El día 3 de Noviembre, fecha de asunción del mando de Salvador Allende, el presidente de EEUU no había enviado la congratulación de estilo. A última hora, poco antes de la fecha de las ceremonias, se supo de EEUU había decidido enviar como delegado oficial suyo a la transmisión del mando al secretario de Estado para América Latina, Charles Meyer.
Ya en el poder Allende, EEUU va a pretender derribar al gobierno de la Unidad Popular, mediante un plan de la CIA y la Casa Blanca para provocar un golpe de Estado, poniendo sobre la mesa 10 millones de dólares. El objetivo versaba en tratar de dividir a las Fuerzas Armadas Chilenas, pero va a faltar que se consiguiera que ciertos bancos y compañías provocasen un hundimiento económico necesario para crear una situación insostenible. Pero todo lo urdido no será suficiente.
A partir de la investidura como presidente de Salvador Allende, se va a plantear el que será denominado como Plan Pentágono, plan secreto que sí contaba en su desarrollo con una intervención militar. Este plan, que se preparó para la primera mitad de 1970, no será puesto en práctica hasta Septiembre de 1973 y será el que, definitivamente, derroque al gobierno Allende.
Desde Noviembre de 1970 Richard Nixon, Presidente de los EEUU, y su Secretario de Estado Kissinger decidirán plantear una política dura contra Chile que consistirá en presionar económicamente. Se va a presionar para el embargo internacional del cobre extraído por Chile y se va a plantear un auténtico sabotaje económico, a partir del bloqueo de créditos internacionales a Chile por parte de bancos estadounidenses, mediante la coacción del gobierno norteamericano en contra de la inversión exterior en Chile, interfiriendo en la negociación de la deuda externa y entorpeciendo la venida de elementos constitutivos de piezas de equipo, repuestos, instalaciones, etc.
La decisión de escoger una determinación de estrangulamiento progresivo de Chile como preponderante tenía la ventaja par Washington de no excluir el recurso a otras opciones complementarias y sustitutivas más adelante. Lo que sin duda atrajo la voluntad de Kissinger a esta política fue su potencialidad de escalamiento y la flexibilidad que daba al gobierno norteamericano para intensificar sus presiones a Chile en distintos grados de intervención económica, financiera, política, de fuerza, pudiendo realizarse acciones contra Chile en distintas partes del mundo, operando sobre otros países del sistema norteamericano en Europa, América Latina y demás regiones incluidas, utilizando el caso chileno como un factor frente a la Unión Soviética para manifestar la extensión que EEUU daba a su control mundial, vinculándose en las acciones respecto de Chile de una manera óptima los intereses gubernativos norteamericanos con los privados de consorcios transnacionales y grandes compañías de capital inversionista; y todo ello en el curso de una lapso de uno a tres años, que correspondía al tiempo que necesitaba Kissinger para desenvolver su gran diseño de estrategia global con el fin de crear un nuevo orden internacional favorable al sistema norteamericano. Y para que el efecto de usar a Chile como un objeto útil y dinámico en el diseño mundial del nuevo orden, resultaba ventajoso que el gobierno de Allende dispusiera de un cierto lapso, durante el cual EEUU lo deterioraría progresivamente para ofrecer a Francia, Italia y otros países, un ejemplo en carne viva de las consecuencias sucesivas y la catástrofe final que amenaza a quienes se indisciplinan en el sistema. Así, La Casa Blanca aprovecharía las ententes entre las diversas compañías y empresas norteamericanas, que se coordinaron a comienzos de 1971 para ejercer presión en Chile; bloquearía los créditos internacionales a Chile no sólo por parte de organismo noteramiricanos como el Eximbank, sino de entidades internacionales como el Banco Mundial, el que declarón a Chile riego grave crediticio a finaes de 1970, y todas y tamibén las fuentes de financiamietno acario privado norteamericano, europeos, etc.; presionaría a erceros países de Europa y del resto del mundo para que no invirtiesen en Chile; dificultaría en lo posible la concesión de créditod de gobierno de otros países a Chile y el comercio chileno con ellos; interferiría, en los momentos adecuados, en la renegociación de la enorme deuda externa chilena, separando los intereses de los acreedores inclinados a otorgar facilidades, y disminuyendo al máximo el poder de negociación internacional de Chile en este campo; entorpecería a fondo, los suministros de repuestos, piezas de equipos e instalaciones, renovación de parque industrial y todo el flujo de tecnología del país,; buscaría la paralización progresiva de los medios de transportes aéreos, impidiendo su compra; navieros, a través de su manejo de las flotas mercantes y conferencias marítimas; ferroviarios, cortando las reposiciones de equipos, y camineros, cortando el flujo de repuestos; haría caer el precio de cobre y distorsionaría el mercado internacional y, por último, mantendría e incrementaría, como fue el caso desde el inicio para la Marina y más tarde con todas las ramas de las Fuerzas Armadas, los suministros de equipos militares, armamentos, etc., en muy ventajosas condiciones, también profundizando los contactos institucionales con ellas. A esta agresión económica de Estado Unidos, en Chile se le vino a denominar la política de la pera madura, haciendo referencia a la caída, con este debilitamiento, del gobierno Allende fruto de su propio peso.
Para algunos, el primer principio de la política internacional de EEUU es la protección total de los intereses privados. Los intereses privados norteamericanos son los intereses públicos del gobierno de EEUU, la razón de Estado de su dominación mundial. La llegada de Allende al poder coincide con un momento en el que la nacionalización de la minería del cobre era ya debatida en el Congreso de la República de Chile. En la práctica, todos los partidos chilenos, inclusive los de derecha, habían expresado, en diversas ocasiones y formas, la necesidad y la urgencia de nacionalizar plenamente las compañías norteamericanas que explotaban el cobre de Chile. Prueba de que ello era reivindicación absoluta e histórica e Chile, fue que meses más tarde, a mediados de 1971, el texto de la reforma constitucional para nacionalizar la minería del cobre, después de una tramitación parlamentaria impecable y exhaustiva, fue ratificada por el Congreso de Chile por unanimidad absoluta y en presencia de todos los partidos. Y en las formulaciones oficiales estadounidenses ellos iba a ser, durante los años siguientes, la cuestión pendiente y el conflicto no resuelto entre los dos países. El gobierno Nixon necesitaba que la cuestión del cobre estuviese pendiente. Era su única cobertura para los actos de agresión mucho más graves que estaba ejerciendo y continuaría escalando contra Chile. Así, el asunto de la nacionalización del cobre fue manejado por EEUU como un símbolo explícito de su discordia esencial con Chile y de su decisión final respecto al gobierno de la Unidad Popular.
Entre Agosto y Septiembre de 1971, en circunstancias de que representantes de ITT estaban negociando con el gobierno chileno los términos de adquisición por el Estado de sus intereses telefónicos en Chile, el gobierno Allende nombró un interventor para la Compañía de Teléfonos de Chile, medida de administrativa autorizada por la ley y conforme al estatuto legal de la compañía, y no una discreta forma de nacionalización. En el pasado compañías de servicios habían recibido muchas veces el nombramiento de interventor. Pero esta vez ITT dispuso que su vicepresidente Merriam escribiera a un asesor de Nixon planteando una intervención total de EEUU en Chile para deponer a Allende: debe hacerse todo silenciosa pero efectivamente, para que Allende no pase los próximos seis meses cruciales.
La agudización y el carácter desembozado de los actos de bloqueo económico perseguían agravar a tal punto los problemas económicos internos, la inflación, el desabastecimiento y las dificultades de distribución, los frenos a la producción, si era posible el desempleo, que por razones concretas económicas y por motivaciones psicológicas una gran parte del electorado votase contra el gobierno en las elecciones generales para renovar toda la Cámara y mitad del Senado que se producirían el 4 de Marzo de 1973. Una parte de la derecha pensaba conseguir en Marzo los dos tercios del parlamento necesarios para destituir a Allende. La otra no confiaba en tanto, pero sostenía que el retroceso de la Unidad Popular sería grande y Allende debería o corregirse absolutamente o renunciar. Pero el 4 de Marzo no ocurrió nada de eso, la Unidad Popular, en estar primeras elecciones generales políticas desde las presidenciales, aumentó un 10 %. Y esto significó un cambio en el énfasis de la política de Estados Unidos hacía Chile, ahora también se permitiría el uso de la violencia sin límite.
Ante todo lo expuesto, las pruebas de la política dura de la dupla Nixon-Kissinger contra Chile son varias: en primer lugar, la asfixia financiera por parte de Eximbank y AID; en segundo lugar, la presión del departamento de Estado sobre el Fondo Monetario y el Banco Mundial para que no ofrecieran créditos a países que no estuviesen dispuestos a compensar económicamente sus actos a terceros; la amenaza directa de cortar la ayuda estadounidense sobre Chile; el bloqueo contra todo el cobre extraído por Chile; presión sobre otros países para que no ayuden a Chile; colaboración en todo esto de las multinacionales privadas estadounidenses; atentar contra todos los elementos descontentos de las Fuerzas Armadas Chilenas; obstaculizar la política exterior chilena. Toda esta acción agresiva contra Chile va a aumentar más si cabe desde Octubre de 1972.
Al sabotaje económico se le va a añadir el aumento de los contactos con los sectores militares más descontentos con el gobierno de la Unidad Popular y con los sectores políticos chilenos más conservadores.
Pero no será hasta Febrero de 1973 cuando ya si se tome la decisión de usar la violencia, de poner en marcha en Plan Pentágono. La idea consistía en que el plan fuese realizado por la Naval Intelligence Agency, que colaboraba con la marina chilena, según el programa denominado Unitas de maniobras conjuntas. Estados Unidos necesita cohesionar a todas las FFAA Chilenas para que todas desearan a la vez derriban a Allende, siendo al mismo tiempo consciente de que el ejército chileno no tiene la suficiente capacidad técnica para dicha empresa y, por tanto, para un eventual golpe, necesitaría ayuda. El plan fundamentalmente buscaba una serie de objetivos concretos: cortar la comunicación del país; dejar como único centro coordinador a las FFAA Chilenas; permitir que rápidamente, los enemigos principales fueran identificados, descubiertos y eliminados; crear una atmósfera y un ambiente de terror para confundir al enemigo; y establecer un gobierno amigo de Estados Unidos. Para ello, sería una acción importante desplazar a barcos estadounidenses a las costas chilenas para facilitar las cosas a las FFAA Chilenas, suministrando apoyo psicológico y logístico, por un lado, y ayuda tecnológica y financiera, por otro, además de expertos policiales, como la manipulación de los medios de comunicación para crear una situación de auténtico caos que hiciese más propicio el golpe de Estado. El último contacto diplomático entre Chile y Estado Unidos será en Marzo de 1973. Ya no habrá vuelta atrás: en Junio, golpe de Estado fallido, el 11 de Septiembre, nueva tentativa, esta vez exitosa.
Efectivamente, los resultados del 4 de Marzo de 1973 frutaron el objetivo final de la política ejercitada por Estados Unidos con respecto a Chile. EEUU llega a la conclusión de que no bastaban los medios empleados entre Noviembre de 1970 y Marzo de 1973 para hacer caer al gobierno de la Unidad Popular. Y se decidirá que había que dar un giro y usar métodos más duraos de intervención, entrando a la conspiración directa para producir el golpe armado en Chile, operando a través del Pentágono en concordancia con militares chilenos.
Durante Abril comenzó la ofensiva a cargo de la reacción chilena, que va a iniciar una campaña de propaganda para provocar efectos psicológicos en la opinión chilena y aún en la externa. Aprovechó cuantos motivos se ofrecían y produjo hecho, como la serie brutal de actos de terrorismo derecha que luego aprovechaba para sostener que la situación era caótica. En esta época es indudable que el terrorismo provenía de los contrarios al gobierno sin excepción; por lo demás, entre las víctimas anteriores sólo una minoría podía referirse a actos criminales de gente de izquierda o que se atribuía tal carácter. De Mayo en adelante, los actos de terrorismo contra las personas, y los que atentaban contra el aparato industrial del país, fueron sistemáticos y se extendieron por todo Chile. Grupos fascistas como Patria y Libertad declararon que sus métodos políticos serían éstos. El objeto del terrorismo era crear una atmósfera de terror.
Todo ello que debe unirse a la grave situación económica al agudizarse las medidas de bloqueo con la obstaculización del comercio del cobre chileno y a las operaciones internar de sabotaje económico, desde el mercado negro hasta el acaparamiento de productos de primera necesidad. También se sucedieron grandísimas huelgas, protagonizadas por camioneros, las organizaciones de comerciantes minoristas, asociaciones profesionales como los médicos, empleados, técnicos, etc., en una situación de violencia tal que el que no estuviera con el paro podía acabar perfectamente asesinado sin ninguna impunidad.
En Washington no había embajador de Chile desde que Letelier fue llamado a ocupar el Ministerio de Relaciones Exteriores. El gobierno chileno habría querido enviar de inmediato a su sustituto, pero el Senado chileno, que debe aprobar los nombramientos de embajadores, se negaba a dar el pase constitucional a ningún embajador de Salvador Allende. Nunca en la historia de Chile había ocurrido tal cosa en esta proporción: estaban acéfalas las embajadas e Washington y en Moscú, en París y en La Habana, en Praga, en Hanoi, en Pyonyang, en países del Medio Oriente y otras partes.
Algunos días antes de Septiembre de 1973, la mayoría de la Cámara, con participación del Partido Nacional, de la Democracia Cristiana y del resto de las fuerzas conservadoras, tomó un acuerdo, sin significado constitucional, argumentando a fondo la ilegitimidad de ejercicio del mandato del presidente Salvador Allende. La reacción chilena, tal como EEUU cuando busca una cobertura para sus agresiones, se daba a sí misma pretextos jurídicos para lo que ya a la luz de todos los protagonistas, los perjudicados incluso, se veía venir y cuestión de tiempo.
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