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Más de doscientas personas asistieron a las dos mesas redondas celebradas en torno a la figura de Juan Peña El Lebrijano, en los actos de homenaje de la 44 Caracolá Lebrijana.
Ricardo Rodríguez Cosano, Gonzalo Montaño Peña, Faiçal Kourrich y Pedro María Peña participaron en una mesa redonda sobre la labor creativa de Juan Peña El Lebrijano el pasado jueves. Una noche más, el patio principal de la Casa de la Cultura estuvo lleno de seguidores del cantaor lebrijano más universal, flamante Hijo Predilecto.
Para el flamencólogo y aficionado local, Ricardo Rodríguez Cosano, si importante es la labor creadora de Juan Peña El Lebrijano, tanto o más lo ha sido su “labor recreadora” a lo largo de su larga trayectoria artística. En su opinión, “quizás haya llegado el momento de recopilar toda su obra en lo que puede ser un documento imprescindible para el flamenco”. Rodríguez Cosano reparó, durante su intervención en la segunda de las mesas redondas celebradas en torno a la figura del flamante Hijo Predilecto de la Ciudad de Lebrija, en “esos giros que han marcado escuela”, recordando las soleares de Triana, las soleás por bulerías o esa recreación de los tientos del Chozas o La Perrata, así como en su capacidad para “incorporar trabalenguas en sus letras, como hacía La Niña de Los Peines y Camarón de la Isla”. Pocos han tenido además el atrevimiento de incorporar nuevos palos, como hizo Juan en Persecución “con las galeras, un cante que solían pedirle mucho los aficionados, y por algo será”
Si algo ha hecho diferentes a los discos de Juan Peña, desde De Sevilla a Cádiz hasta Cuando Lebrijano canta se moja el agua, ello ha sido – entre otras cosas – la concepción de éstos como “obra temática”, como bien explicó el musicólogo y estudioso de la trayectoria creativa de Lebrijano, Gonzalo Montaño Peña: “Juan se contagió de la idea de las megaobras en Londres, donde tuvo oportunidad de ver grandes obras como Jesucristo Super Star”, y ya en De Sevilla a Cádiz, se apreciaba un hilo argumental, rasgo desconocido hasta el momento en las discografías flamencas. “En 1972, La Palabra de Dios fue una verdadera obra de referencia en la fusión de los cantes clásicos con la orquesta, coincidiendo con un momento social en el que intelectuales y músicos iniciaban un debate sobre la renovación del cante. También en esto ha sido Juan pionero con lo que él llama los Melismas de refresco”. El cúlmen de la obra discográfica concebida como una historia – al modo novelístico, teatral y operístico – llegó en 1976 con Persecución, “que fue incluso representada teatralmente”. Luego llegaron Ven y Sígueme – junto a Rocío Jurado y Manolo Sanlúcar – o Tierra, en la que, apoyándose en los textos de Cristóbal Colón y Bartolomé de las Casas, relataba El Lebrijano el descubrimiento de una nueva tierra. Ese viaje musical que no ha cesado, continuó por Casablanca y Puertas Abiertas hasta llegar al último disco. Para Gonzalo Montaño Juan es “un sello, una voz, un sonido que ha unido distintas etapas, como los grandes pintores y literatos; es voz y mente; más allá de la gramática y de las categorías”
El primer sitio que pisó Faiçal Kourrich al llegar a España fue Lebrija, “dónde nunca me he sentido como un extranjero”. El violinista marroquí más importante de su país conoció a Juan Peña El Lebrijano en 1991. Desde entonces, se ha fraguado entre ellos una amistad que hace que, por poner solo un ejemplo, Juan lo llame “hijo”. Juan presentó a Faiçal “oficialmente” en el disco Puertas Abiertas (2005), pero ya habían trabajado con anterioridad: “recuerdo especialmente la grabación de Casablanca (1998), y que Juan quiso grabar en Marruecos porque decía que necesitaba ese clima. La experiencia con la sección de cuerdas de la Orquesta Real fue preciosa; y luego grabé con Juan Lágrimas de Cera, un disco muy especial”. Faiçal Kourrich sostuvo durante su intervención que “ha sido Juan quien ha llevado el flamenco a Marruecos, y ahora podemos distinguir entre el flamenco y Julio Iglesias”, reconoció entre sonrisas.
La primera vez que Pedro María tocó a su “tito Juan” fue tras ganar un concurso de guitarra en Córdoba, en 1986. El Lebrijano se llevó a su sobrino a un encuentro con la Orquesta Andalusí de Tánger, “y di allí todos los guitarrazos que pude”, recordó Pedro María entre risas. Para Pedro, y para David, Juan es ante todo, “el tito”, y “mi hermano y yo, hemos sido siempre como Zipi y Zape, siempre juntos a todas partes”. Los Peña son un clan unidos, no sólo por los lazos sanguíneos, sino también por un amor absoluto a la música. Pedro María reconoce que Juan es un “obsesivo de las guitarras bien templadas y afinadas. Su oído es absoluto, por eso prefiere la afinación universal a cuatro cuarenta”. Para Juan, así lo reconoció su sobrino, cada actuación es única, “es una escuela, entiende el cante como una inspiración y necesita constantemente estímulos. Cuando mi hermano le toca el piano todo es pura emoción, pura emotividad”. Pedro María – virtuosa guitarra heredada de su padre, Pedro Peña y acompañante habitual de El Lebrijano – recordó así mismo la aventura de Cuando Lebrijano canta, disco del que fueron productores él y David Peña Dorantes: “comenzamos a grabarlo en casa de mi hermano David, con pensamiento de acabarlo en otro estudio, pero nos encontramos allí tan bien, que el tito dijo, y ¿para qué nos vamos a ir de aquí? David se había hecho con dos micros geniales y teníamos todo lo que necesitábamos. Justo cuando el tito tenía que meter la voz se puso malo, pero él siempre lo ha dicho: El mundo es de Dios y Dios se los presta a los valientes.
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