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Juventud, veteranía y ante todo, Arte
Diego Carrasco y Miguel Poveda sellaron una de las noches flamencas lebrijanas más bellas de cuantas ha vivido la patria de El Lebrijano en la 44 edición de su Caracolá.
Lleno total el de la plaza del Hospitalillo el pasado viernes. La nota predominante, un inmenso público joven, ávido por ver al flamante Premio Nacional de la Música, Miguel Poveda, y llamado tal vez a la preciosa invitación de verle sobre las tablas acompañado del maestro jerezano del ritmo y la poesía, Diego Carrasco. Su última grabación al alimón, Alfileres de colores, se codea en las radios del país con los éxitos más punteros del momento. El Flamenco está surcando nuevos mares. Por algo será.
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| Diego Carrasco, en un momento de su actuación en la 44 Caracolá Lebrijana. |
Diego Carrasco y su Piropo al Cante de Lebrija
El de Diego Carrasco fue un recital en su estilo, lleno de todo ese gracejo que caracteriza al jerezano que coqueteó con el rock y al que el ritmo brota muy de dentro, ajeno a todo dogmatismo o matemática. Comenzó metiéndose al público lebrijano en el bolsillo con el Piropo a La Perrata, y se meció por el compás de Bastián Bacán y El Lagaña, dándose una pataítas al estilo de Miguel Funi y cantando a Lorca con esa cosa suya de entrecortar las letras. La fiesta típicamente jerezana la montó acompañado por la voz de una joven y guapa Carmen Amaya, que hizo los coros. Diego Carrasco es, ante todo, un músico con gran sentido del compás y con un personalísimo estilo capaz de hacer disfrutar al público en cada aparición.
Miguel Poveda, sin temor a nada
Pocos han conseguido desbancar los axiomas de la crítica y la afición más puristas con tanta rapidez como Miguel Poveda. El cantaor catalán está en lo más alto. Jóvenes y mayores lo demandan. Él mismo se reconoce en la línea de los “cantaores valientes”, y lo demuestra en cada espectáculo y en cada disco. Poveda debe soñar con el cante, pues, de otro modo, no es entendible que domine de tal forma cualquier palo que se precie. Cantó por malagueñas y cantiñas y dedicó una estrofas a uno de los genios de Cádiz, Chano Lobato. Se atrevió con las mineras, nada raro si pensamos que su primer triunfo fue el de ganar la Lámpara Minera en el Festival de Las Minas de la Unión. Miguel Poveda es un profesional de los pies a la cabeza: humilde, trabajador, agradable y colaborador siempre con la prensa, es uno de esos jóvenes entusiastas que han descubierto en el trabajo la única llave del éxito.
Acabó su recital con un regalo inmenso para los sentidos del respetable, con Limosna, una de las coplas incluidas en ese trabajo soberbio que copa estos días los hits de la música, Coplas del querer. Por si fuera poco, llamó al escenario a su compañero Diego Carrasco y juntos se despidieron con Alfileres de colores, despachando arte por todas las esquinas del Hospitalillo, contagiando de ritmo a la propia Giraldilla.
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| Miguel Poveda en la 44 Caracola. |
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