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Huellas de nuestra Memoria en el libro póstumo de Manuel González
La segunda Semana del Libro y del Fomento de la Lectura acogió la presentación de Lebrija, señales de vida, una de las últimas obras del escritor lebrijano.
Vio por fin la luz Lebrija, señales de vida, del escritor lebrijano que nació en Grazalema un 24 de febrero del año 1954 y nos dejó el 19 de agosto de 2008 en la ciudad con la que mantuvo un vínculo más estrecho que los lazos sanguíneos. Manuel González Pérez, colaborador habitual de Lebrija Digital – entre otros medios locales – dejó a punto de publicar dos obras, a saber, Lebrija, señales de vida, y Tartessos, cuya publicación se producirá en Denia (Alicante) a través de una colaboración entre el Ayuntamiento de Lebrija y una organización literaria que desarrolla su labor en la ciudad alicantina también, de fuertes lazos con González, ya que allí trabajó durante algunos años como Maestro Industrial.
La segunda Semana del Libro y del Fomento de la Lectura congregó, en torno a la experiencia lectora, a varios cientos de jóvenes, adultos y niños en la Casa de la Cultura de Lebrija. Especialmente sentido fue el prólogo de unas jornadas que dieron singular protagonismo a los escritores lebrijanos, a través de Manuel González y de Jacobo Cortines. Fue éste el encargado de presentar – “tratando de incitarles a su lectura” – el libro póstumo “Lebrija, señales de vida”. El poeta y profesor lebrijano reparó antes en la consideración de que “es éste un libro póstumo, que, como todo libro póstumo puede plantear dudas al lector: ¿lo habría ordenado su autor de este modo?; ¿habría incluido algunas partes y suprimido otras?” Y concluyó que, en cualquier caso, “no parece que sea determinante el orden final del libro”. El volumen, de doscientas sesenta y tres páginas, se divide en tres partes durante las cuales, Manuel González, repasa personajes – de Lebrija, pero también foráneos que tuvieron algún vínculo con la ciudad – a los que identifica, unas veces con nombre y apellido; otras, con la descripción de personajes colectivos: el zagal, el bracero, el jornalero, los vestidos negros, las camisas blancas… Jacobo Cortines destacó del libro que se trata de una obra “para leer muchas veces” y a través de la cual “el lector puede sumergirse en la Lebrija de siempre, la tradicional, a través de la descripción de estampas típicas en las que aparecen los paisajes y escenarios que conforman el pueblo, pero también los personajes que le dan vida”
Cortines se paró además en relatos especialmente desgarradores, como el de María Luisa González Muñoz, “Clara”, o La Leruza; y en otros no exentos de ese toque humorístico que Manolo González supo aportar a unos personajes descritos en sus vicisitudes, pero siempre en su dignidad. El equilibrista de la Nacional IV, Juan Lola, es buen ejemplo. De él quedan estas señales: “Cuando llega a El Cuervo le espera un señor para que lo lleve a la estación en bicicleta. Juan Lola asiente, y con el hombre y sus maletas en el portamantas, se lanza veloz por la cuesta que lleva a la estación de ferrocarril y, en mitad de ella, se da la vuelta, se sienta en el manillar y saca un cigarro: ¿me da usted fuego por favor?"
La herencia de la Guerra Civil
Jacobo Cortines destacó además el modo en que influyó la herencia de la Guerra Civil en la literatura de Manuel González, “aunque fue un acontecimiento que no vivió en primera persona, sí lo hizo a través de los testimonios ajenos”. Este acontecimiento de nuestra historia más cercana, así como las luchas sindicales de la transición, también están presentes en Lebrija, señales de vida. Personajes como Paco Monroy, Mario Fuentes Aguilar o Gonzalo Sánchez son prueba de ello.
El Premio Nacional de la Crítica (Consolaciones. Vandalia, 2004), se sirvió de Lord Byron para reivindicar la trascendencia de Manuel González más allá de su muerte, a través de sus libros. “He vivido, y no en vano: mi espíritu puede perder su fuerza, mi corazón el fuego que lo anima; soy capaz de perecer luchando contra los infortunios: pero hay algo en mí que arrostra el dolor y el tiempo, que me sobrevivirá cuando yo no exista…”
Durante su intervención, la Alcaldesa de Lebrija explicó la literatura de Manuel González en la “curiosidad que le llevó a indagar todos los rincones de Lebrija: sus calles, sus paisajes más relevantes y sobre todo, su gente. Supo ver con los ojos de la experiencia a los hombres y mujeres lebrijanos, protagonistas callados de la vida sencilla que ha ido construyendo día a día la historia de esta milenaria ciudad”. Por su parte, la delegada de Cultura, Lola Gómez, trazó un paralelismo entre Manuel González y una mujer actual, la Premio Nobel de Literatura, la sueca Herta Müler, “de la que todos destacaron su capacidad para retratar el paisaje de los desposeídos”. Así mismo, definió en dos palabras el universo literario de González, donde la “Memoria y el Paisaje” son un hilo conductor permanente.
Lebrija, señales de vida, ha sido editado conjuntamente por el Ayuntamiento de Lebrija y la Diputación de Sevilla y puede adquirirse en la Casa de la Cultura al precio de diez euros.
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