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I Jornadas para el Conocimiento del Patrimonio Histórico y Cultural de Lebrija
- Primera Mesa. Homenaje a Antonio Caro Bellido
Jacobo Cortines Torres fue el encargado de moderar la mesa primera. Lee aquí el texto que el Literato lebrijano dedicó a Antonio Caro Bellido.
Antonio Caro reconoció siempre en Manuel Pellicer a su “Maestro”. Tuvimos ocasión de comprobar el modo enfático y seguro en que el lebrijano pronunciaba esta palabra durante una entrevista realizada con ocasión de la publicación de su último libro, Diccionario de términos cerámicos y de alfarería. Para Pellicer, Antonio fue su discípulo – uno de los más aventajados –, su compañero y su amigo. Durante su intervención en la mesa dedicada al investigador local, Manuel Pellicer recordó amablemente las muchas veces que Caro lo acompañó a Nerja, “donde yo dirigía unas excavaciones sobre Neolítico y Calcolítico andaluz y Antonio me acompañaba, simplemente, para ver, para aprender”. Fue Manuel Pellicer quien dirigió su tesis doctoral, “sobre La Carta Arqueológica de Lebrija”. Al hilo de ello, todos los ponentes coincidieron en destacar los “profundos conocimientos que Antonio poseía sobre la cerámica. A través de ella, tenía una gran capacidad para datar yacimientos”. Manuel Pellicer hizo un recorrido por la actividad investigadora y docente de Antonio Caro, a quien recordó por dirigir, junto a José Luis Escacena y Pilar Acosta, las “interesantes excavaciones de la Abejas en las laderas del Castillo de Lebrija, donde se detectaron y estudiaron culturas desde el Neolítico hasta el Medievo en varios metros de potencia de sedimentos estratigráficos”. Estos trabajos – señaló Pellicer – no llegaron a publicarse y “sería muy interesante que los organizadores de estas jornadas lo tengan en cuenta”. “Lebrija puede estar orgullosa” – finalizó – “de haber sido la cuna de este gran investigador, que ha dado a conocer la arqueología a su tierra”.
“Serio, amable, discreto y entregado a su familia y a su labor investigadora”. Así definió Juan Abellán a su recién desaparecido amigo Antonio Caro, el profesor que no dejaba ni por un instante atrás su preocupación por desarrollar una metodología de aprendizaje que fuera “capaz de llegar a los alumnos”. Muy emocionado, Abellán destacó la “profunda conexión que siempre tuvimos, dado la similitud de nuestros caracteres e intereses”. De su formación resaltó, como ya ha hecho en numerosas ocasiones el carácter “humanista” de la misma, capaz de trascender las lógicas limitaciones cronológicas de la investigación académica. “Antonio se movía como pez en el agua por los periodos históricos. En él no había fisuras de ningún tipo, para ello basta con ojear su magnífica biblioteca, donde las diferentes etapas de la historia de España tienen continuidad en los anaqueles de su despacho”. El catedrático de la Universidad de Cádiz informó además sobre el homenaje que está preparando dicha institución. “Ha sido muy grato” – expresó – “comprobar como Antonio es conocido por sus publicaciones e investigaciones por toda la comunidad científica”. Abellán quiso así mismo reivindicar la figura del arqueólogo lebrijano como “gran medievalista, una faceta menos conocida”.
María Belén Deamos señaló el año 1974 como “un hito”. “Manuel Pellicer se incorporó a la cátedra de Arqueología de la Universidad de Sevilla y ello supuso el inicio de una nueva etapa en la investigación de la Historia prerromana del Bajo Guadalquivir. Con él se formaron muchos de los arqueólogos que hoy ocupan puestos técnicos en la administración o en las Universidades”. Antonio Caro fue uno de esos primeros discípulos que “recorrieron palmo a palmo gran parte de la provincia para llevar a cabo el registro de los yacimientos arqueológicos”. Antonio Caro dedicó su tesis a la Carta Arqueológica de Lebrija (1981) y “dejó claro que la historia antigua iba a ser una prioridad en su actividad investigadora”. Años más tarde, “obtuvo el título de Doctor con un trabajo sobre La cerámica gris a torno tartesia que sigue siendo de referencia obligada y que ya figura entre los libros raros y curiosos en la red”, destacó Belén Deamos. Refiriéndose al lado humano de Antonio Caro, María Belén habló de un hombre “educado, discreto y sumamente humilde. Conservo aún la dedicatoria que me hizo llegar con su trabajo sobre la cerámica gris. Se quitaba todo mérito. Quizás sea interesante, decía… ¡Vaya si lo fue!”. “En el pequeño, frío y destartalado despacho que compartimos en la Universidad de Sevilla, pasé algunos de los años más felices de mi vida”, reconoció emocionada.
“Buen docente, capaz de transmitir el amor por la arqueología, serio y exigente. Defendía una visión humanista del conocimiento, amante de la buena mesa y de las antigüedades, afición ésta última que compartíamos y que nos llevó más de una vez por anticuarios de aquí y allá”. María Lazarich fue alumna colaboradora de Antonio Caro en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz y, posteriormente, como compañera en las tareas docentes del Área de Prehistoria de la UCA”. Sobre el lado humano de Antonio Caro, Lazarich destacó que “fue una persona tremendamente humilde que prestaba su ayuda a todos los que estaban a su alrededor”. “Quiero que estas palabras” – manifestó – “sirvan para expresar públicamente mi reconocimiento y agradecimiento por haber podido compartir tareas docentes e investigadoras, al mismo tiempo que una entrañable amistad, con este insigne profesor lebrijano. Ello ha supuesto un privilegio que nunca podré olvidar”
Solo un amigo de esos que llaman “del alma” podía escribir el relato que Enrique Vélez Cortines dedicó a Antonio Caro. Lleno de nostalgias y lugares de la infancia, el texto recorrió sus vidas, desde los orígenes de los primos y el modo en que siempre se sintieron orgullosos de proceder de la montaña, hasta la etapa de madurez ligada a la Hermandad de Los Santos de Lebrija, pasando por los juegos y chiquilladas en la casa de la abuela Victoria Guerra Pacheco y los inicios de la pubertad en los “boy scout”. Merecerá la pena retomar la lectura de este relato, que verá la luz con la publicación de un volumen que compilará los contenidos íntegros de las jornadas.
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