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Hilarante, divertida, genial
Las Gracias mohosas cerraron las Jornadas de Teatro con un texto clásico magistralmente llevado al terreno grotesco del humor
Maravillosa lectura de una de las pocas protagonistas de la dramaturgia femenina del siglo de Oro español. La valentía y trasgresión en la pluma de Feliciana Enríquez de Guzmán ha sido llevada con idéntica vocación a las tablas. Los protagonistas, un gran director – Juan Dolores Caballero, El Chino para los del gremio – y siete actores y tres actrices de los pies a la cabeza, entre ellos – patria obliga – el lebrijano Benito Cordero.
Las Gracias mohosas, de Teatro del Velador, fueron las encargadas de clausurar las Jornadas de Teatro de Otoño en el Municipal Juan Bernabé de Lebrija. El universo de freaks - cojos, tullidos, frailes libidinosos, desdentados, borrachos, escupidores, saltimbanquis y solteronas ansiosas de carne – que pululan por la última propuesta de Juan Dolores Caballero fue uno de los mejores hallazgos del Festival de Teatro Clásico de Almagro la pasada edición, un éxito nada gratuito.
Los guiños al teatro sensorial y una suerte imposible de muecas que arañan en el histrionismo, combinados con el estilo inconfundible del Chino, un “teatro bruto” nunca exento de una cierta ternura, son el cóctel perfecto para una de las mejores obras de teatro que han pasado por el Juan Bernabé en los últimos años. El trabajo actoral es, sencillamente, impecable. No hay un minuto de descanso para los rostros y los cuerpos de los diez actores que defienden, con verdad, ganas, cariño y corazón, la hilarante propuesta. Todo es gesto exagerado y actividad física extenuante en esta celebración dionisíaca y carnavalesca en torno a cuestiones tan peliagudas – antes como ahora – como la poligamia femenina. Tres enmohecidas gracias buscan marido desesperadamente. Su padre, Baco, es el alcahueto encargado de una misión que resulta imposible al espectador. Al frente, siete hombres igual de desesperados ansían calmar sus más instintivas pasiones. La obra se encarga de narrar todo ese cortejo. Y es ahí, en esa ceremonia de agasajos, dónde la obra alcanza su máximo esplendor y se postula como magnífico ejemplo de Teatro Bien Hecho. El ritmo es desbordante, el compás, lo mismo, y la hora y media se pasa volando.
En suma, puede que Juan Dolores Caballero sea uno de los mejores autores con que cuenta la escena andaluza actual. Lo demuestra en cada obra, siempre igual y siempre distinto. Su teatro, parafraseando de Artaud, está “lleno de verdad”. El Juan Bernabé ya guarda en su memoria otra pequeña gran joya de este oficio tan necesario que pone las realidades sobre unas tablas y al espectador, en frente de sí mismo. Larga vida al cartel de Las Gracias Mohosas.
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