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Mujeres invisibles Imprimir E-Mail
Escrito por Luís Pernía   
jueves, 03 de diciembre de 2009

Mujeres invisibles

“Recordad el olor del pan y las flores de los caminos” sugería el poeta palestino Mahmud Darwix a sus compatriotas en el exilio. Lo decía para mantener la esperanza y sobrellevar el duro peaje de la vida fuera de la patria. Un consejo que hoy hacen suyo miles de mujeres inmigrantes, empleadas de hogar, para sobrellevar la triple discriminación de mujer, inmigrante y trabajadora, e intentar hacer factible su proyecto migratorio de una vida mejor para ella y para los suyos, ya que se encuentran en un sector laboral de máxima vulnerabilidad y desprotección social. Una realidad, especialmente en el caso de las internas,  que se traduce en  situaciones de culpabilidad y desajuste emocional debido a no poder conciliar la vida familiar, de sufrimiento y pérdida de autoestima al permanecer, a veces, hasta quince días sin salir de la casa donde trabajan, la pérdida de perspectiva social, los imponderables del papel de cuidadoras que conlleva la dependencia, y la ausencia de libertad o de  privacidad.

“Empleada; ni sirvienta ni criada” decía el eslogan con el que abría en Málaga la campaña a favor de las mujeres inmigrantes del servicio doméstico un grupo de asociaciones proinmigrantes allá por 2006, reivindicando medidas para equiparar sus situación laboral con la del resto de sectores y evitar su discriminación. A pesar del tiempo transcurrido aquel eslogan no ha perdido vigencia.

En realidad sigue siendo un grito urgente, por necesario, que pretende sensibilizar a la población y a los poderes públicos de la necesidad de dignificar el trabajo desarrollado por estas personas, con medidas tendentes a modificar y actualizar las dos normativas que regulan el sector y que datan de 1985.

En estos momentos, en la provincia de Málaga más de 5.060 personas están dadas de alta en la Seguridad Social  dentro del servicio doméstico, y de ellas, el 90% son inmigrantes, siendo el 91% mujeres. Pero según las organizaciones proinmigrantes existe un número de 2.000 ó 3.000 mujeres más sin dar de alta en la Seguridad Social, que les hace más invisibles y profundiza  la economía sumergida.

Su perfil es de una mujer marroquí, ecuatoriana, colombiana o rumana, más joven, y mejor formada que su homóloga española. Precisamente las empleadas de hogar españolas trabajan menos horas que las inmigrantes ya que la jornada a tiempo completo es más común en las segundas, con un 20% frente a un 60%, respectivamente. Además  la proporción de contratos temporales entre las extranjeras afecta al 55,2% del total, cifra que se reduce en diez puntos entre las españolas.

Al contrario de lo que ocurre en el resto de sectores, la regulación del servicio doméstico queda fijada en un real decreto de 1985 y a través de un régimen especial de la Seguridad Social. Pero a pesar de pagar a este organismo cuotas mensuales de unos 140 euros, no cotizan por desempleo; la prestación por enfermedad común empiezan a percibirla a partir del día 29 y no al cuarto día, como el resto de trabajadores contratados; tampoco están reguladas por convenio alguno colectivo; no tienen derecho a indemnización por extinción de contrato, ni reciben nóminas, ni pueden acceder al permiso de lactancia, entre otras cosas. Además la mayoría ni siquiera cuenta con un contrato por escrito, por lo que sus condiciones se acuerdan de forma verbal, un hecho que les hace muy difícil acudir a los tribunales en caso de incumplimiento del mismo.  A esto se añade el que pueden ser despedidas sin necesidad de argumentación alguna. Su sueldo oscila entre los 600 y 750 euros y además, y en muchos casos, además de jornadas laborales excesivas, no disponen de vacaciones.

Otros elementos que podrían añadirse a este análisis de la situación de las mujeres inmigrantes del servicio doméstico son el reciente informe de UGT en Euskadi, donde  facilita que un 53% de las inmigrantes, con permiso de trabajo, en el servicio doméstico, ha sufrido acoso sexual en algún momento de su relación laboral, o conocer el enorme problema que significa conciliar la vida laboral y familiar de estas mujeres, dándose el caso, en algunas situaciones, en que sus niños tienen que hacer de madres al hacerse cargo de sus hermanos más pequeños.

A pesar de la subestimación y bajo prestigio social del sector, el trabajo del hogar ha generado una media de 55.000 empleos anuales a nivel de todo el Estado. El empuje de esta actividad se ha visto favorecido por determinados cambios sociales, como el envejecimiento de la población y el consiguiente aumento en el número de personas que se encuentran en situación de dependencia. A su vez el hecho de que abunden las ofertas de empleo para el servicio doméstico tiene mucho que ver con la creciente presencia de mujeres inmigrantes en nuestro país.

La labor de las mujeres inmigrantes, que siguen cuidando a nuestros niños, a nuestros ancianos y de nuestro hogares, a la vez que está sirviendo para que progresivamente un número más importante de españolas puedan trabajar y desvincularse de las tareas domésticas, bien merece no seguir en esa irredenta invisibilidad. Ellas demandan mayor información para conocer sus derechos, a la vez que sugieren facilitar más información a sus empleadoras para que conozcan sus deberes. Corren tiempos en los que ya no se puede demorar más su incorporación  al Régimen General de la Seguridad Social, porque ya no basta consolarse con  el recuerdo del olor del pan y las flores del camino de su país natal.


Luis Pernía Ibáñez (Plataforma de solidaridad con los inmigrantes de Málaga)






 
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