Inicio arrow Más Secciones... arrow Historia arrow Historia: El Megalítico: Una representación cultural singular
Historia: El Megalítico: Una representación cultural singular Imprimir E-Mail
Escrito por Ángel Méndez   
martes, 26 de enero de 2010

El Megalítico: Una representación cultural singular

 

      El estudio de los orígenes del megalitismo es una cuestión clásica dentro de los estudios sobre el Neolítico, tanto a nivel de Europa como de la Península Ibérica. A la vez sigue siendo un tema de candente actualidad, pues los misterios que entrañan conocer su verdadero significado atraen tanto a investigadores como a personas no especialistas en la materia. El presente artículo pretende abordar las principales características de esta nueva arquitectura que desarrollaron diferentes sociedades neolíticas.
     

      En la actualidad, está claro que surgió de forma simultánea en distintos puntos de la fachada atlántica, a mediados del V milenio a.C., aunque la mayoría de las manifestaciones megalíticas serían de fechas posteriores. Las representaciones megalíticas más precoces se situaban en la región francesa de la Bretaña y en Portugal, y en torno al 4000 a.C., ya se había extendido dicha manifestación cultural a casi toda Europa occidental. Quizás una de las características más singulares de este fenómeno ritual y funerario fue que perduró a lo largo de varios milenios. Tanto es así que las tumbas megalíticas se siguieron empleando para depositar a los muertos durante todo el IV milenio a.C. y la mayor parte del III milenio a.C., incluyendo el período calcolítico, hasta llegar inclusive a los mismo albores de la Edad de Bronce. Una de las claves de que esta representación cultural se extendiera tanto en el tiempo fue gracias a que muchos aspectos vinculados al ritual y a la cultura material del megalitismo se fueron adaptando a las creencias y modas de cada época en que fueron estudiados.
     

      En primer lugar, es necesario conocer el significado del término megalitismo, que se usa para designar a un amplio conjunto de construcciones funerarias monumentales del Neolítico avanzado. Su distribución, fundamentalmente, es por la fachada atlántica europea y destinadas, por lo general, a albergar enterramientos de carácter colectivo. La Península Ibérica es la realidad que tenemos más cercana donde abundan una gran variedad de monumentos megalíticos, como el Dolmen del Soto (Valencina de la Concepción, Sevilla). Por lo que respecta a su etimología, el término se utilizada para referirse a estructuras levantadas con piedras de gran tamaño (megalitismo, palabra procedente del griego, mégas, “grande”, y líthos, “piedra”).
     

      De entre los diferentes tipos de sepultura megalítica la más característica es el dolmen, término derivado de las palabras bretonas tol (“mesa”) y men (“piedra”). Un dolmen es una cámara funeraria de planta poligonal o rectangular, formada por una serie de lajas dispuestas verticalmente, y tapada por una gran piedra horizontal. Conviene recalcar que la imagen romántica del dolmen no se corresponde con la realidad original, sino con su degradación o por los saqueos de buscadores de tesoros, que llevaron a expoliar muchos monumentos megalíticos. Puede resultar sorprendente, pero en realidad, el dolmen correspondía a la parte no visible al exterior de una construcción más compleja, que constaba, además de un túmulo, es decir, un gran amontonamiento de piedras que cubría por completo el dolmen, quedando integrado en el paisaje.
     

      Sin duda, el significado del megalitismo ha sido, y sigue siendo, un problema muy estudiado desde las últimas décadas del siglo XX por una corriente de investigación denominada Arqueología Social. Su máximo representante, el arqueólogo británico Colin Renfrew, señala que los monumentos megalíticos son algo más que tumbas, es decir, que constituyen una excelente manifestación de organización social de los constructores. Según este especialista, se basa en que la aparición casi simultánea de grandes tumbas monumentales en zonas de la Europa atlántica, muy alejadas entre sí, se explica porque todas estas sociedades neolíticas se estaban enfrentando a problemas similares. La explicación sería que el crecimiento demográfico producido por la neolitización en áreas en las que ya era elevada la densidad de población desde el Mesolítico, habría determinado un comportamiento fuertemente territorial. Por lo tanto, desde esta perspectiva, los monumentos megalíticos serían una plasmación, simbólica y material, de la posesión de la tierra por parte de una sociedad que enterraba a sus antepasados en ellos.
     

      Sin embargo, otros investigadores, encabezados por el británico Andrew Sherratt, han matizado esta interpretación, pues sugieren que el megalitismo no estaría ligado a la territorialización ni a la escasez de tierra, sino que serían un reflejo de la necesidad de las sociedades campesinas de un alto grado de cohesión e integración social, fundamental en el desarrollo de tareas colectivas. En síntesis, los monumentos megalíticos constituirían una especie de casa de los muertos en la que los vivos encontrarían una plasmación simbólica de su pertenencia a la comunidad y a un terruño concretos.
     

      Como conclusión, los monumentos megalíticos son la parte más notoria de la plasmación material de una determinada ideología funeraria. Es por ello que la muerte (los antepasados), los monumentos y la memoria convergente en la ideología funeraria de las sociedades prehistóricas: en ausencia del archivo documental escrito que poseen las sociedades históricas, la ideología funeraria supone para las sociedades ágrafas nada menos que la fijación material del tiempo, la memoria, la identidad cultural y, sobre todo, las relaciones sociales y de poder.    
     
     
     
      MÁS INFORMACIÓN

Arias Cabal, Pablo; Armendáriz Gutiérrez, Ángel. Historia de la Humanidad. El Neolítico. Madrid: Arlanza Ediciones, S.A., 2000.
García Sanjuán, Leonardo. “Grandes piedras, paisajes sagrados”. PH: Boletín del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico,nº31.  Sevilla: Consejería de Cultura (Junta de Andalucía), 2000, págs. 171-178.
García Sanjuán, Leonardo. “Muerte, tiempo, memoria. Los megalitos como memoriales culturales”. PH: Boletín del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico, nº 67. Sevilla: Consejería de Cultura (Junta de Andalucía), 2008, págs. 34-45.

 
< Anterior   Siguiente >
Feliz Feria 2010
expo_feria1.jpg
Sala de exposiciones
anunciate_en_ld.jpg
bulevar.gif
Xprésate - Envía tus trabajos expresándote

     

mariquita torres pizarra.jpg
Frase del día

La mente es como un paracaidas, funciona cuando se abre.
La Columna
Más Artículos...
Novedades en secciones
pizarra2.png