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Inteligencia emocional (II PARTE)
Esta segunda parte del artículo Inteligencia Emocional se dedicará a explicar porque es necesario incluir la educación emocional en el currículum escolar y por último, se realizará un comentario crítico sobre lo expuesto anteriormente.
1. ¿Por qué es necesario incluir la educación emocional en el currículum escolar?
Hasta hoy día, los aspectos emocionales del currículum se desarrollan a través de la acción tutorial, los temas transversales y la orientación escolar y profesional. Aunque no se tratan detenidamente los aspectos emocionales, ya que, en la acción tutorial se hace un seguimiento global de los alumnos, en los temas transversales al no tener unos objetivos, actividades, contenidos y evaluación específicas, no se llega a impartir de forma adecuada el tema de las emociones, y por último, la orientación escolar y profesional la realizan los equipos de orientación educativa de zona, que debido al número de alumnos que deben atender con necesidades educativas especiales no les queda tiempo para centrarse en la formación los demás alumnos.
Ante esta problemática, se pueden recopilar una serie de propuestas y de estudios que se ponen en marcha, como los realizados por el GROP, Grupo de reserça en orientació pedagógica de la Universidad de Barcelona dirigido por el profesor Rafael Bisquerra. Entre estos estudios podemos destacar la propuesta de incluir una nueva asignatura en el currículum en todos los niveles escolares. Esta asignatura se destinaría a la formación de la personalidad desde el conocimiento, valoración y control de las emociones y de los sentimientos tanto propios como ajenos. Con esta materia los alumnos aprenderían a controlar sus emociones. Todos estos contenidos se encontrarían dentro de la asignatura “Educación emocional”. Según Bisquerra, la asignatura Educación Emocional, sería “aquel proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo los dos elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral”.
Para concluir, responderemos a la pregunta que hacíamos anteriormente, ¿por qué es necesario incluir la educación emocional en el curriculum escolar?, realizando un recorrido, a lo largo de la historia, de la importancia que ha tenido la educación emocional en distintos siglos.
Durante los últimos siglos un ideal de persona era el de la persona inteligente. En la escuela tradicional, se consideraba que un niño era inteligente cuando dominaba las lenguas clásicas, el latín o el griego, y las matemáticas, el álgebra o la geometría. Más tarde, se ha identificado al niño inteligente con el que obtiene una puntuación elevada en el test de inteligencia. El cociente intelectual (CI) se ha convertido en el referente de este ideal y este argumento se sustenta en la relación positiva que existe entre el CI de los alumnos y su rendimiento académico: los alumnos que más puntuación obtienen en el test de CI suelen conseguir las mejores calificaciones en la escuela.
En el siglo XXI esta visión ha entrado en crisis por dos razones. Primera, la inteligencia académica no es suficiente para alcanzar el éxito profesional. Los abogados que ganan más casos, los médicos más prestigiosos y visitados, los profesores más brillantes, los empresarios con más éxito, los gestores que obtienen los mejores resultados no son necesariamente los más inteligentes de su promoción. Son los que supieron conocer sus emociones y cómo gobernarlas de forma apropiada para que colaboraran con su inteligencia. Segunda, la inteligencia no garantiza el éxito en nuestra vida cotidiana. El CI de las personas no contribuye a nuestro equilibrio emocional ni a nuestra salud mental. Son otras habilidades emocionales y sociales las responsables de nuestra estabilidad emocional y mental.
Este contexto da cabida a la pregunta siguiente, ¿por qué son tan importantes las emociones en la vida cotidiana? En este momento de crisis ya no vale el ideal exclusivo de la persona inteligente y es cuando surge el concepto de inteligencia emocional (IE) como una alternativa a la visión clásica.
Goleman tomó el concepto de IE de un artículo de Mayer y Salovey del año 1990,
El modelo de habilidad de Mayer y Salovey, se centra de forma exclusiva en el procesamiento emocional de la información y en el estudio de las capacidades relacionadas con dicho procesamiento. Desde esta teoría, la IE se define como la habilidad de las personas para atender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa, la capacidad para asimilarlos y comprenderlos de manera adecuada y la destreza para regular y modificar nuestro estado de ánimo o el de los demás. Desde el modelo de habilidad, la IE implica cuatro grandes componentes:
• Percepción y expresión emocional: reconocer de forma consciente nuestras emociones e identificar qué sentimos y ser capaces de darle una etiqueta verbal.
• Facilitación emocional: capacidad para generar sentimientos que faciliten el pensamiento.
• Comprensión emocional: integrar lo que sentimos dentro de nuestro pensamiento y saber considerar la complejidad de los cambios emocionales.
• Regulación emocional: dirigir y manejar las emociones tanto positivas como negativas de forma eficaz.
Estas habilidades están enlazadas de forma que para una adecuada regulación emocional es necesaria una buena comprensión emocional y, a su vez, para una comprensión eficaz requerimos de una apropiada percepción emocional.
CONCLUSIÓN
Por último, destacar la importancia de sensibilizar a los educadores sobre la educación explícita de las emociones y de los beneficios personales y sociales que conlleva. Hasta hace relativamente poco tiempo cuando se revisaba la bibliografía sobre cómo deben educar los profesores, se enfatizaba el aprendizaje y la enseñanza de modelos de conductas correctas y pautas de acción deseables en una relación. No se hacía mención a los sentimientos y emociones generadas por uno y otro. Es decir, la tendencia arraigada era la de manejar y, hasta cierto punto controlar, el comportamiento de los alumnos sin atender a las emociones subyacentes a tales conductas.
La postura en consonancia con la del modelo de inteligencia emocional de Mayer y Salovey de habilidad es algo distinta. Se debe comprender y crear en los adolescentes una forma inteligente de sentir, sin olvidar cultivar los sentimientos de padres y educadores y, tras ello, el comportamiento y las relaciones familiares y escolares irán tornándose más equilibradas.
Por otra parte, la enseñanza de emociones inteligentes depende de la práctica, el entrenamiento y su perfeccionamiento y, no tanto, de la instrucción verbal. Ante una reacción emocional desadaptativa de poco sirve el sermón o la amenaza verbal de «no lo vuelvas a hacer». Lo esencial es ejercitar y practicar las capacidades emocionales y convertirlas en una parte más del repertorio emocional del niño. De esta forma, técnicas como el modelado y el juego de rol emocional se convierten en herramientas básicas de aprendizaje a través de las cuales los educadores materializan su influencia educativa, marcan las relaciones socioafectivas y encauzan el desarrollo emocional de sus alumnos.
Acorde con lo expuesto, la escuela tendrá en el siglo XXI la responsabilidad de educar las emociones. La inteligencia emocional no es sólo una cualidad individual. Las organizaciones y los grupos poseen su propio clima emocional, determinado en gran parte por la habilidad en IE de sus líderes. En el contexto escolar, los educadores son los principales líderes emocionales de sus alumnos. La capacidad del profesor para captar, comprender y regular las emociones de sus alumnos es el mejor índice del equilibrio emocional de su clase.
En este momento de debates sobre los cambios educativos, sería una buena ocasión para reflexionar sobre la inclusión de las habilidades emocionales de forma explícita en el sistema escolar. Por tanto, la escuela y la administración deben asumir este reto, dotando de la formación pertinente a los educadores.
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