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Literatura de viajes Imprimir E-Mail
Escrito por Lebrija Digital   
martes, 02 de febrero de 2010
cuadernoextravios0.jpgJuan José Tejero: “Me propuse escribir un libro que hiciera viajar al lector”
 
El joven escritor lebrijano Juan José Tejero, presentó la pasada semana su “Cuaderno de extravíos. Un viaje a Grecia” en la sevillana Casa de la Provincia.

 

 

Ya había presentado su primeriza opera prima en la Casa de la Juventud de Lebrija. Hoy, es posible adquirir “Cuaderno de extravíos” en diversas librerías de Lebrija y Sevilla, Atenea y Fnac entre otras, además de a través de Internet. “Cuaderno de Extravíos. Un viaje a Grecia” es un libro de viajes muy especial en el que el autor no encontrará “estrellas Michelin” ni nada por el estilo. Es un viaje a la Grecia que Juan José conoció en una aventura tan solitaria como enriquecedora a través de las gentes del pequeño pueblo de pescadores en el que “todas las casas dan al mar” que lo acogió con regalo de frappés e historias épicas increíbles. Y como “tenemos derecho a volver a la patria para narrar la vida que queramos”, regresó para contarlo, no con el tono de dioses, guerreros e “ilusos Ulises”, sino – como explica el prologuista José María Conget – “dubitativo y ensimismado”, preguntándose en un ejercicio introspectivo si existe Ítaca y si vale la pena volver a ella... “Y en esa sensibilidad perpleja” – manifiesta Conget – “hay más emoción de Grecia que en cien documentales”

 

¿De qué habla Cuaderno de Extravíos?

 

cuadernoextravios1.jpgEn sentido general, habla de lo que puede experimentar una persona cuando realiza un viaje, ya sea éste un viaje físico o también personal o interior; reflexiona sobre aquello que se gana y aquello que se pierde para siempre en los viajes. Pero mejor que hablar, yo diría que lo que hace es sugerir, evocar lo que significa estar lejos de casa, aprender una cultura nueva, comenzar a vivir de una manera diferente, y también lo supone digerir el regreso y afrontar el recuerdo del pasado. Lo que yo quería era dejar escrito un libro con el que, al abrirlo, pudiera volver a encontrarme con la Grecia que conocí y con aquél que yo era cuando estaba allí, y que no sé si habrá cambiado mucho en este tiempo.

 

¿Cómo surgió la idea de escribirlo?

 

El libro tiene un origen muy hermoso, muy literario, como suceden las cosas en las novelas o en las películas. Un compañero de la facultad de filología y yo hacíamos un revista de literatura llamada Pan, que yo mismo distribuía en Sevilla y en Lebrija. Uno de los editores de Point de Lunettes, que entonces daba clases en el IES Bajo Guadalquivir, la compró en Lebrija, leyó un texto breve que escribí sobre Escocia, y me buscó para decirme que quería publicar un libro mío con escritos como ése. Yo acababa de volver de Grecia, donde pasé un año inolvidable, y aquello era justo el empujoncito que necesitaba para comenzar a escribir.

 

El Viaje es un "tópico" recurrente en la literatura, ¿qué sentido le has otorgado en tu obra?

 

Me propuse escribir un libro que hiciera viajar al lector, pero no un libro de viajes al uso. Como indica su título, no se trata un cuaderno de bitácora, sino de extravíos. En este sentido, no hay en él descripciones de monumentos, ni rutas recomendadas, ni siquiera hay anécdota o acción, sino emoción y lirismo. Claro que el contexto en el que respiran sus páginas es Grecia, pero por encima de eso lo que trasciende es el viaje, la transformación que sufre cualquier persona que viaja a cualquier lugar.

 

¿Qué fue lo que más te atrajo de aquel viaje a Grecia?

 

Yo fui a Grecia llegado de Escocia, donde pasé medio año, y por supuesto el contraste entre un país y otro fue lo primero que me sedujo. Ya conocía la Grecia clásica a través de los libros -soy licenciado en Filología Clásica y profesor de griego- pero quizá lo que más me sorprendió fue descubrir otra Grecia, la que se construyó a partir de la independencia de los turcos, y de la que yo ignoraba casi todo, empezando por el idioma, el griego moderno. Al mismo tiempo, me divertía mucho hallar en los griegos de hoy el rastro de los antiguos griegos, reencontrar en el presente la huella imborrable del pasado milenario.

 

¿Cómo fue el proceso de creación del libro?

 

Me llevó tres o cuatro años de gestación, de entrega intensa pero intermitente, lo que quizás sorprenda un poco dada la poca extensión del libro, de escasas 50 páginas. Fue un proceso de creación difícil por la propia naturaleza de los textos, que por su brevedad me exigían todo el esfuerzo de concisión y precisión del que era capaz y, a la vez, largas temporadas de descanso. Cada palabra tenía que ser insustituible, y el tono, sencillo pero muy directo, por lo que los textos han pasado por muchas fases de depuración hasta llegar a tener su forma definitiva.

 

¿Por qué escribes?

 

Siempre me ha gustado escribir, desde que yo recuerde. Cuando era pequeño, mi abuelo José me regaló una máquina de escribir y, cada vez que venía a casa, me veía dándole que te pego al teclado, haciendo cuentos y novelas que luego leía a mi hermana y a mis primos, y se alegraba mucho de comprobar cómo disfrutaba yo de su regalo. Escribir no supone para mí ningún trabajo y, de hecho, nunca me planteo por qué escribo. Soy feliz cuando lo hago porque me divierto, me lo paso bien, y si no fuera así, probablemente no escribiría.

¿Quiénes han sido tus "maestros"?

Leo fundamentalmente a los clásicos de la literatura. Y durante mi estancia en Grecia leí mucho a Kavafis, a Ritsos -de quien he traducido Epitafio-, a Calvino, a Cernuda y a Gil de Biedma, entre otros, pero no lo digo porque espere que en mis textos haya algo de ellos. De los autores contemporáneos en español mi preferido es José María Conget, que además ha escrito el prólogo de mi libro.

 
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