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La luna, la muralla y la magia del buen flamenco Imprimir E-Mail
Escrito por Fotografías de Andrés Zambrano   
martes, 31 de julio de 2007

31_cc1.jpgEn el lugar en el que un día se asentaron los primeros lebrijanos se celebró el pasado sábado el festival “Flamenco en Cuarto Creciente”. La Explanada del Castillo de Lebrija rezumó vida a través de los cientos de personas que acudieron a la cita del buen cante jondo.

 

Las previsiones daban una luna en Cuarto Creciente. Y tanto se creció el eclipse ante el despliegue de arte que casi se tornó llena. La ola de calor que tanto sofoco dio en el día, se tradujo en la noche en una brisa fresca digna de agradecer. En el frente, el paño de muralla, bien iluminada, dejaba ver ese pequeño agujero en el que tantas fotos nos hicimos los lebrijanos y lebrijanas cuando aún vivían las emblemáticas palmeras de la fortaleza. El festival “Flamenco en Cuarto Creciente”, pese a su juventud – pues es apenas un recién nacido – disfrutó de un privilegio de veterano al celebrarse en uno de los lugares más bellos de la ciudad.

 

La mezcla generacional entre quienes ya peinan canas en el mundo del flamenco y quienes se encuentran en ese “cuarto creciente” fue una de las características del festival. Como si de un buen jerez se tratara, los jóvenes se enriquecieron de los viejos y viceversa. Junto a un arte que huele a añejo – el de Pepe Montaraz, Juana Vargas e incluso Luís de Lebrija – Anabel Valencia hizo arrodillarse a la misma luna, y el baile potente de María del Mar Carrasco provocó lo propio.

 

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 Benito Velázquez, Antonio Malena y Luis Carrasco

 

Comenzó Juana Vargas, quien vio desde el escenario como poco a poco pero sin pausa, comenzaba a llenarse de público la Explanada del Castillo. Le siguió Pepe Montaraz, un cantaor de los pies a la cabeza, profesional dentro y fuera del escenario. Cantó por tangos y tientos al son de la guitarra joven pero curtida de Benito Velázquez. ¡A cuántos y cuántas no habrá enseñado Benito a entonar los primeros acordes!

 

Llegó el turno de Anabel Valencia. Los buenos artistas siempre pueden dar más pero se fue Anabel del escenario sin deberle ya casi nada a su público. Lo dio todo sobre las tablas, para gusto del respetable. Desde Almería llegaba un Luís de Lebrija que lamentaba “cantar poco en mi tierra”. Y lo hizo por fin acompañado de las guitarras de Antonio Malena, Benito Velásquez y Luís Carrasco. 

 

Y, previo al fin de fiesta, el baile de María del Mar Carrasco continuó el ritmo de un festival in crescendo que culminaría en un jolgorio absoluto testigo incluso de un Pepe Montaraz cantando por bulerías – palo que no suele tocar – y marcándose un baile.

 

Acompañada por la guitarra de su hermano, Luís Carrasco, y por el resto de componentes de su grupo, María del Mar Carrasco bailó no sólo con los pies y las manos. También lo hizo con la cara, hundida toda en un gesto apasionado, sintiendo el baile en todo su ser, transmitiendo de él toda su fuerza, toda su alegría y, si se quiere, incluso toda su tragedia. 

 

El flamenco lebrijano no ha de temer por su trascendencia habida cuenta de lo que pudo verse en sábado 28 en el Castillo. El cante jondo lebrijano está en efecto, en Cuarto Creciente.

 

En imágenes

 

 

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