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La Biblioteca de Alejandría I

Escrito por Álvaro J. Navarro.

La Biblioteca de Alejandría I



    Uno de los más grandes frutos que va a producir el patronazgo ptolemaico será su biblioteca, la célebre Biblioteca de Alejandría. De ella se sabe muy poco y la interpretación de muchos de sus materiales es altamente controvertido.

    Primero se debe considerar a la Biblioteca como institución. Hay una gran cantidad de evidencias de bibliotecas en Grecia, las cuales al final deben ser descritas mejor como colecciones de libros, mucho antes de la época de Alejandro. Muchas de estas referencias de colecciones privadas presentan dificultades de producción y multiplicación de textos, en un sentido no parecido al de una biblioteca, pues si existía de todo, estaban extendidos de forma común. El siglo cuarto significó un incremento de estas colecciones, no habiendo mejores colecciones que la de los denominados tiranos, destacando en la segunda mitad sin duda la colección de Aristóteles, quien consiguió organizar una considerable biblioteca en el Liceo.


    Por consiguiente, hay una gran probabilidad de que el establecimiento de la Biblioteca tenga una gran influencia Peripatética. Estrabón, de hecho, nos cuenta que Aristóteles enseñó a los reyes de Egipto a establecer una biblioteca, hecho no literalmente cierto, pero que hace evidente el estar bajo la influencia de un específico ímpetu peripatético. Aquí hay bastante información para anotar que la Biblioteca tiene inconfundibles enlaces con estas tradiciones del Liceo, que cuenta para la naturaleza y la moda de mucha de la vida intelectual de Alejandría, con un énfasis en la colección y comparación de material que se refiere a la filosofía abstracta tradicional de la Academia, y que tiempo después dará como resultado el uso la palabra Peripatético como equivalente a Alejandrino.

    Las bibliotecas civiles de la época helenística, no dudaban en buscar en Alejandría y Pérgamo como modelos en este asunto, aunque no hay evidencias de que estos centros fueran centros de aprendizaje al mismo tiempo. Estas bibliotecas no aparecen lo suficientemente temprano como para haber ejercido alguna influencia sobre la fundación alejandrina. Sin embargo, su historia como edificio público no está muy clara.

    La mayoría de las fuentes colocan a Ptolomeo II como el fundador de la Biblioteca, pero al mismo tiempo, se plantea que hay pocas razones para dudar que la idea y las primeras fases de planificación de la Biblioteca fuera de su padre Ptolomeo I, cuyo trabajo en este y otros aspectos hace pensar que él la ideó y deliberó, siendo otorgados dichos trabajos a su magnificado hijo. Así pues, a Ptolomeo I y a Demetrio de Falero, se les atribuye la fundación de la biblioteca en el Broucheion de Alejandría. Ptolomeo II lo que hizo realmente es agregar una segunda biblioteca, más pequeña, en el recinto llamado Serapeo o Serapeum. El contenido de la biblioteca, o bibliotecas, se calculaba en varios cientos de miles de rollos de papiro.

    La historia de la Biblioteca como institución en el tercer siglo es mucho más que la historia de la actividad de la sucesión de hombres en un cargo, y que está relacionado con el constante problema del orden en el que se suceden los bibliotecarios.
    El puesto de bibliotecario era naturalmente, como todo importante cargo en Alejandría fuera del cuadro civil, un cargo real, y en principio puede estar asociado con un cargo muy influyente, el ser tutor de los niños de la casa real. Los primeros tutores de los que se ha escuchado alguna vez probablemente provengan del período anterior al establecimiento del puesto de bibliotecario, pero tan pronto como se estableció el puesto se mantuvieron normalmente ambos al mismo tiempo. Si la organización de la biblioteca de Alejandría no es conocida en profundidad, sí conocemos los nombres de sus bibliotecarios. Éstos eran también escritores: entre ellos figuraban Apolonio de Rodas, Eratóstenes, Aristófanes de Bizancio, Aristarco de Samotracia.

    El primer bibliotecario, Zenódoto de Éfeso, bibliotecario desde el 284 a.C., inventó la notación de las marcas sobre las vocales griegas para mostrar la acentuación tonal, y desarrolló una ciencia de crítica textual basada en la comparación de diferentes manuscritos, que debe haber sido antes casi imposible. En poco tiempo la biblioteca se convirtió en la principal fuente de textos confiables de autores tales como Homero, que eran cada vez más reconocidos como clásicos.

    Los lágidas (Ptolomeos) van a ser muy celosos de la reputación de su Biblioteca, tanto que los libros que llegaban en barcos a Alejandría eran tomados, copiados y las copias dados a los propietarios. Estos libros recibían una especial etiqueta, presumiblemente para ser distinguidos por los libros que eran adquiridos por los agentes de la Corona en los principales mercados de libros de la época, Rodas y Atenas. Este apetito por libros sobre todo se desarrolla en el siglo segundo a. C., después de la eclosión de la biblioteca de Pérgamo como rival. El dinero egipcio también propició la falsa adscripción a Aristóteles de muchos trabajos. Al mismo tiempo las tareas de los eruditos alejandrinos no dudaban en contrarrestar esto con una considerable extensión en la producción de mejores textos.

    En cuanto al proceso de registro y copia que se daba lugar antes de que los libros estuviesen finalmente disponibles para los lectores, Galeno afirma que cuando los libros llegaban a Alejandría, eran etiquetados con el nombre de la persona que los había traído y eran almacenados en depósitos. Aunque los detalles no son claros, hay indicaciones de la existencia de una especie de departamento de adquisiciones, donde los rollos eran almacenados en una primera llegada, y con un sistema de entrada de libros  según procedencia.
   
    Los depósitos fueron quemados por un fuego durante la Guerra Alejandrina de César. No hay motivo para dudar que el sistema de adquisiciones existía ya en los comienzos del período Ptolemaico. El sistema de etiquetado es de considerable interés. Los libros eran etiquetados cada uno según origen geográfico, por el nombre del corrector de manuscritos o con el nombre del propietario de la propia copia. De forma diferente, cada una de estas tres diferentes etiquetas puede decirse que representa su procedencia.

    Este etiquetado de procedencia, que era aparentemente realizado, como era natural, en el departamento de adquisiciones cuando la información era todavía disponible de primera mano, era probablemente de fundamental importancia. Se supone que después de que los detalles de adquisición fuesen registrados, el trabajo sería enviar a la principal Biblioteca para ser catalogados por ella para el uso público. Este es un proceso del que conocemos muy poco. Todas las copias de los trabajos individuales estaban ordenadas alfabéticamente según el nombre del autor, y las varias versiones o copias de un trabajo particular se diferenciaría por el lugar de donde la copia provenía, o del nombre del propietario primitivo, o, en el caso de una edición de texto clásico, con el nombre del editor. En la tarea de establecer la historia de un texto o de determinar la superioridad de un ejemplar sobre otro, la procedencia proporcionaba la única forma satisfactoria de descripción. Este sistema de catalogación o autoría y procedencia  fue usada por supuesto también dentro de la propia Biblioteca, como si fuera un catálogo moderno.

    Todo este trabajo requería una considerable cantidad de actividad de escribanos y transcriptores. Debió haber asociada a la Biblioteca un scriptorium, y es razonable pensar, en el desarrollo de un proceso natural y por un interés económico, que hubiese algún tipo de estandarización en la producción de libros. Hay buenas razones para suponer que la estandarización en temas como el uso de rollos, ajustando una obra individual a un rollo individual, etc., ocurrió en Alejandría a lo largo del tercer siglo y que la Biblioteca probablemente contribuyó considerablemente en esto, directa o indirectamente.

    Toda esta organización  existía, tenía su razón de ser, para proporcionar una gran facilidad a quienes desearan consultar trabajos en la Biblioteca.  El total de rollos que figuran sólo en la Biblioteca Real, con unos 490.000 volúmenes, insinúan que existían muchas copias de los trabajos de los escribas. La significación de la firma de la biblioteca exterior, con 42.800 rollos, no está clara. Aunque se plantea la posibilidad de que albergara duplicados que pudieron servir como registro del total de la Biblioteca Real.

    Todas nuestras fuentes están de acuerdo en que Zenódoto de Éfeso, como hemos manifestado, fue el primer bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría. Es después de éste cuando empiezan los problemas en torno a la lista exacta de bibliotecarios, problemas que conciernen a grandes figuras, como Calímaco, Apolonio de Rodas y Eratóstenes. A pesar de que el Papiro de Oxirrinco ha proporcionado nuevos materiales al respecto, no ha aportado una nueva luz al referido tema, pues desafortunadamente comienza por la mitad de la lista y no soluciona este problema. Finalmente, se afirma que Zenódoto se mantiene aproximadamente como bibliotecario hasta el 270 a.C. o algunos años más tarde, y que fue sucedido por Apolonio, quien se mantiene en el puesto hasta su partida a Rodas sobre el 246-5. Eratóstenes asume probablemente de inmediato el cargo, siendo convocado desde Atenas por Euergetes. Su muerte a los ochenta años no ocurrió hasta el reinado de Ptolomeo V Epífanes, a final del siglo tercero o comienzos del segundo a. C. Después, el cargo será desempeñado por Aristófanes de Bizancio, que estará en el puesto durante unos 15 años, también bajo el reino de Ptolomeo V. A éste le seguirá Apolonio de Alejandría hasta el 175 a.C. y posteriormente Aristarco hasta el 145 a.C.

    Las medidas de Euergetes II en contra de la población griega de Alejandría afectó a la Biblioteca profundamente, y esto conllevó un evidente efecto inmediato también en el oficio de bibliotecario. Pues va a perder importancia, pues cualquiera podía ser erudito sin ostentar ese puesto. Algo también inevitable con la persecución que realizará Euergetes, pero no desde ese momento, parece ser un cambio en la organización general del aprendizaje y la investigación en el campo de la gramática y los estudios filológicos: la biblioteca perderá importancia en estas circunstancias y su lugar será ocupado por escuelas de eruditos individuales quienes continuarán el trabajo de Aristarco de diferentes modos hasta el comienzo del período romano.

    Esta disminución en importancia de la Biblioteca aparece al principio del segundo siglo a.C. y se duda sobre si posteriormente recobró este prestigio como centro de investigación. Con respecto a esto es necesario considerar el problema de la destrucción accidental de la Biblioteca por el fuego durante la breve Guerra Alejandrina de César en el 48 a.C. Esta pregunta compleja últimamente se está planteando en torno al debate sobre la valoración de las fuentes.

    Casi todas las referencias de la Biblioteca de Alejandría en el período Imperial son de la biblioteca del Serapeo, y aunque esta ya existía en el período ptolemaico, parece natural pensar que toma el lugar de la Biblioteca Real como principal depósito de libros y rollos. Por eso se considera que, entonces, se justifica la suposición de que los contenidos de la Biblioteca Real, si no totalmente, un parte importante fueron seriamente reducidos con el fuego del 48 a.C.
   
    Sin embargo, la significación del fuego todavía no ha sido correctamente estimada. Y es equivocada la idea de que el fuego fue decisivo para la importancia de Alejandría como centro investigador y docente. Porque la actividad intelectual inmediata continuó y, al parecer, Antonio regaló a Cleopatra unos dos mil libros de la Biblioteca de Pérgamo en compensación con la pérdida.

    Para concluir, finalizaremos afirmando que todavía no se ha examinado todo el fondo de la cuestión sobre los logros para la erudición científica y literaria que tuvo Alejandría como centro cultural y científico, una actividad que de cualquier manera no podría entenderse y comprenderse plenamente si no es a partir del estudio de sus dos instituciones más significativas, dos instituciones consideradas por muchos como hermanas, el Museo alejandrino y la protagonista hoy de nuestro artículo, la célebre, famosa, aunque, como hemos observado, poco conocida en profundidad, Biblioteca de Alejandría.