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Historia: El curaca indígena en la sociedad colonial americana

Escrito por Víctor Rodríguez.

El curaca indígena en la sociedad colonial americana

 

 

Con la desaparición del imperio incaico se descompuso su organización y control sobre la población del tawantinsuyo. Así que muchos indios, tanto originarios como mitimaes, huyeron de los asentamientos próximos a las principales arterias de comunicación, para refugiarse en las regiones menos expuestas a la acción de los europeos. El absentismo de las comunidades indígenas tras el impacto de la nueva conquista, hizo ver a los españoles la necesidad de idear un sistema de reagrupación humana, labor en la que el virrey don Francisco de Toledo desempeñó un papel decisivo

 

En un principio se pretendió lograr la aculturación del indio, sin desmantelar la organización social de las culturas andinas. Fueron muchos los abusos derivados de los repartimientos y encomiendas de indios otorgadas a los españoles en régimen de servicio personal, durante los primeros años de la Corona, a pesar de las “Ordenanzas” para el buen tratamiento de los indios.

 

Sin embargo, detrás de toda esta política social promovida por el virrey Toledo subyacían unos claros intereses económicos, en un momento en el que las explotaciones mineras de Potosí requerían de la afluencia masiva de indígenas y para reclutarlos, los mismos debían ser puestos bajo un estricto sistema de control. Este virrey trató de establecer algunas de las instituciones administrativas y económicas que rigieron bajo el Incario, y que en lo posible armonizaran con los propósitos económicos de la administración colonial. La mita sería una de ellas. Esta institución fue utilizada por los incas como medio de distribución y organización de los servicios del Estado. Pero a raíz del descubrimiento, por los españoles, de los ricos yacimientos argentíferos del Alto Perú, la mita quedó en aquella región asimilada al trabajo en las explotaciones mineras hasta el punto de monopolizar la actividad de los indios sujetos a este sistema de trabajo en Potosí, y de bloquear finalmente el funcionamiento interno de sus comunidades. La figura del cacique, a la que se quiso otorgar el papel de intermediario entre el mundo español y el mundo indígena, alcanzó, es cierto, la posibilidad de convertirse en un gran potentado. Pero en la mayoría de los casos se mantuvo sólo como mero instrumento de los intereses coloniales sin alcanzar beneficio alguno. Es por ello que muchos tratarían de evitar que sus hijos heredaran el cargo, procurando que no reuniese las condiciones requeridas para su desempeño. La cobranza de los tributos constituía ya desde tiempos prehispánicos la más importante función de los caciques. A los caciques se les titulaba como capitanes generales, lo que otorgaba ciertas prerrogativas sociales que contribuían a elevar su status, a la vez que les eximía de cargas fiscales y les facilitaba el acceso a ciertos recursos económicos. Estos capitanes podían por ejemplo: “andar como españoles y tener indios en calidad de asistentes o criados”, y además gozaban de franquicia para “poseer pulperías, despachar vino sin pagar sisa ni alcabala y ni siquiera arrendamiento”.

 

Por otro lado, las funciones de la capitanía general se desempeñaban simultáneamente con las del cacicazgo y la recaudación del tributo, así como el control de las tierras que iban quedando abandonadas por los indios que morían o huían de sus comunidades. Así, estas prácticas constituyeron también virtuales mecanismos para el enriquecimiento del curaca o cacique.

 

Está claro que una de las causas del despoblamiento de las comunidades y pueblos indígenas fue la conversión de los “indios originarios” en “forasteros”. Perdían de esta forma su condición de mitayos y al mismo tiempo se desvinculaban de sus lugares de origen,  del control de sus caciques, por lo que se producía un progresivo quebrantamiento del sistema que sustentaba y articulaba a las sociedades indígenas. Las autoridades indígenas aprovecharon, también, estos movimientos migratorios para absorber una parte de esta mano de obra que se iba liberando del sistema de trabajo impuesto o forzado (mita), al tiempo que iba quedando desvinculada de sus pueblos. Para suplir a un “indio ausente” pagaba siete pesos el cacique, pero muchos de estos ausentes estaban en realidad bajo su servicio. 

 

Sin embargo, fueron también mucho los perjuicios que recayeron en estas figuras (caciques) relacionadas con la mita, y que impidieron su enriquecimiento, ya que los caciques tenían que pagar o suplir a los indios ausentes con dinero propio o capital propio, a beneficio de los empresarios mineros. Muchas veces no podían cargar con el cupo total de indios para la mita debido a las muchas ausencias, por lo que se confiscaba toda propiedad y la deuda contraída no cesaba ni con la muerte del deudor, ya que era heredada a la viuda o al heredero del fallecido. 

 

A modo de conclusión y síntesis de lo expuesto, y  para establecer la posición social en la que queda la figura del curaca indio en la sociedad colonial compartimos la opinión de Teresa Cañedo:

 

“El sistema de prestaciones obligatorias en las minas se apalancaba en el propio cacicazgo indígena, institución que pronto revelaría su inoperancia al verse las funciones del curaca despojadas del tradicional sentido de reciprocidad que legitimara su autoridad y propiciara su influencia sobre los indios”. [Teresa Cañedo-Argüelles: “Cacicazgo y poder indígena en el valle de Moquegua (siglos XVII y XVIII)]

 

Pero  debemos matizar y recalcar que el hecho de que la figura del cacique indígena perdiera su “naturaleza funcional”, no fue condición previa para que dicho personaje se emparentara con los intereses empresariales españoles, hubo casos en los que debido a la gran solvencia económica del cacique si logró un fructífero enriquecimiento, por ejemplo: D. Gabriel Fernández Goarache, capitán general de mita. Pero también tenemos que decir que son numerosos los casos, en que  la persona seleccionada como cacique (capitán general) renuncia de su cargo, por ejemplo, en el año 1.647 don Juan Chuqui Mamani, al que correspondía el entero de los pueblos de Guaqui, Tiahuanaco, Viacha, Caquiavire, y Jesús de Machaca, huyó de la población renunciando de su cargo. Al mismo tiempo el gobernador nombraba, nuevo capitán a Gabriel Fernández Goarache.

 

Así que el cacicazgo se mantuvo nominalmente, pero no funcionalmente, teniendo los antiguos caciques dos vías de escape, muchos de ellos pasaron a engrosar la masa indígena, en cambio otros se hicieron con grandes propiedades, las que le conllevaron un enriquecimiento, alejado del sentimiento de reciprocidad indígena.