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Historia: Izquierda, derecha y socialdemocracia

Escrito por Álvaro J. Navarro.

Izquierda, derecha y socialdemocracia



    Hoy en día, nos encontramos con una serie de discursos políticos extraordinariamente ambiguos porque se ha perdido la claridad que tuvieron durante el siglo XIX y primer tercio del XX.

      Pero ¿cuándo surgen los conceptos izquierda y derecha? Surgen casualmente en la Revolución Francesa: Justo en la Asamblea Constituyente. Se agrupan los parlamentarios por ideología, los partidarios de la revolución y con ello los partidarios del cambio de las estructuras políticas, sociales y económicas del Antiguo Régimen. Éstos se agruparon y sentaron casualmente en los asientos de la izquierda. Los no partidarios se sentaron en los bancos de la derecha. Se sentaron a la izquierda aquellos que querían cambios. Se sentaron a la derecha aquellos que no querían ningún cambio.
     

    Si echamos un vistazo a la prensa del siglo XIX. La izquierda lo que buscaba era la soberanía popular (el poder reside en el pueblo); la separación de la tradicional alianza hombre-altar; conseguir ciertas libertades individuales (prensa, religión, asociación, etc.), que hasta ese momento estaban prohibidas; elecciones periódicas con votos, etc.

    La derecha en esos momentos estaba a favor de que la soberanía no estaba en el pueblo, sino en Dios, que delegaba el poder único en el rey, monarca absoluto; estando por ello también a favor de la alianza Iglesia-Estado, es decir, iglesia-monarquía; conllevando ello también el no estar a favor de facilitar ciertas libertades que algunos consideraban como necesarias.

      Pero a finales del XIX y principios del XX, la derecha termina por aceptar las libertades, la democracia y la separación del Estado y la Iglesia. Al final van a defender también la democracia, la soberanía popular, los regímenes constitucionales.

    Aún así, seguirá habiendo diferencias entre izquierda y derecha. En el contexto de la Revolución Industrial que comienza desde finales del siglo XVIII de forma desigual en Europa, siendo su centro neurálgico Inglaterra, y del surgimiento del conocido como Gran Capitalismo, aparece una nueva realidad social: el proletariado.

      El proletariado se erige en su comienzo como una clase social oprimida, al borde la muerte por hambre normalmente por sus penosas condiciones de vida. Y, fundamentalmente, sin medios de defensa. Mucha gente opta por defender a esa clase obrera oprimida y a esos defensores se le va a llamar ahora izquierda.

    Y encontraremos matices, pues la izquierda moderada piensa que la realidad que sufre el proletariado es un injusticia la cual hay que solucionar haciendo intervenir al Estado mediante la imposición de una enseñanza y un sanidad pública y gratuita. Otros irán más allá y directamente defenderán una revolución que se apropiase de las posesiones de los capitalistas de tal manera que el único propietario fuese el Estado, garante del bien común.

    La derecha será partidaria ante todo de la no intervención del Estado en economía, afirmando que por sí solas las relaciones económicas que se generan libremente entre los seres humanos establecerían un equilibrio entre trabajadores y propietarios.

    Y así, llegamos a los 80, 90, primeros años del siglo XXI, en los que se observa una nueva traslación de la derecha, que acepta la intervención del Estado en los asuntos económicos. La derecha acepta la sanidad y la enseñanza pública, acepta la existencia de unos salarios mínimos para los trabajadores; también defendiendo a los más oprimidos, se acepta el conocido como  Estado del Bienestar (Wellfair State)

    Al mismo tiempo se puede aceptar como la izquierda en general también ha girado, pues ha aceptado no ir a la revolución

    ¿Dónde está hoy, pues, la diferencia entre la izquierda y la derecha? Es difícil, pues nos encontramos en situación confusa, resultando difícil definir qué es exactamente derecha e izquierda.
   

      En cuanto al giro mencionado de la izquierda, un concepto se antoja como fundamental, el concepto Socialdemocracia.

    Se parte de una concepción que desbanca parte de los postulados tradicionales de Marx.  En el capitalismo desarrollado, las empresas no tienen un dueño concreto. Son Sociedades Anónimas y están divididas en acciones que tienen muchas personas, por lo tanto, muchos propietarios (Accionista= propietario).

      El número de propietarios se está multiplicando gracias al sistema por acciones, en contra de la idea de la progresiva concentración empresarial que Marx exponía como una de las causas de la desaparición del capitalismo.

      Sobre las crisis periódicas que formuló Marx se afirma que no son como las fiebres terciarias, como planteó el alemán, sino como las enfermedades de la infancia, como la varicela, etc., que no se vuelven a tener, porque uno se va fortaleciendo con cada enfermedad de ese tipo que pasa. Lo mismo le sucede al capitalismo, que se va fortaleciendo con las crisis, porque aprende de sus propios errores. Por tanto, en vez de ir debilitándose progresivamente, a lo que asistimos es a un progresivo fortalecimiento. Así, la crisis de 1929 enseñó al capitalismo a tomar una serie de medidas que evitaran que se repitieran catástrofes similares. Ya no ha habido crisis con la gravedad de la del 1929 hasta la actual del período 2008-2009 de la cual todavía queda mucho por estudiar al no gozarse todavía de lo que conocemos como perspectiva histórica.

      A la hora de hablar de Socialdemocracia un hombre se nos viene a la cabeza, Bernstein. Plantea que no era razonable hablar de una posible desaparición por sí mismo del capitalismo y aquí Berstein acierta por lo que hemos comentado.

      Plantea además la idea de la mejora continua del nivel de vida del obrero europeo. Si miramos los salarios reales de la clase obrera en los últimos dos siglos, observamos un alza. Lo que ocurre es que esa curva no es continua, pudiéndose producir bajadas, crisis, en el conocido como perfil de los dientes de sierra, como la crisis del 29.

      Por último, sobre la idea de Marx de la total y progresiva proletarización de la sociedad ante la concentración empresarial, Bernstein afirma que Marx se equivocó, como hemos explicado al hablar del sistema por acciones. Aunque, ciertamente, esto no es tan simple. Pues en los grupos empresariales que funcionan con este sistema por acciones, siempre hay un grupo de personas reducido que posee un gran conjunto de acciones, normalmente el paquete mayoritario de éstas, por lo que sus decisiones son definitivas y son los verdaderos propietarios. Aunque sí hay un verdadero cambio: antes el propietario del banco le daba un beneficio, hoy en día los que ganan verdaderamente dinero con la empresa son los que viven de sus sueldos al pertenecer a la directiva de la empresa. De todas formas, aunque sí podamos hablar, como lo hemos hecho, de cierta concentración empresarial, diremos también que ésta no lleva a la proletarización, sino cada vez más a la existencia de clase media, o por lo menos, hay está para muchos el debate.

    Y Bernstein se pregunta qué hacer entonces si el capitalismo, en vez de estar en proceso de decadencia, está en proceso de fortalecimiento. Afirma que los partidos socialistas tienen todavía razón de ser. Para explicar el nuevo papel que debían asumir los partidos socialistas, Bernstein utiliza una imagen: El Socialismo no es el fin sino el camino. Es decir, la idea no es que el Socialismo vaya a terminar con la propiedad privada de los bienes, no es que vaya a terminar con el capitalismo; sino la idea es que lo que hay que hacer es tomar medidas concretas para mejorar la situación del obrero y de los más desfavorecidos. Éstas es una idea clave y fundamental de la Socialdemocracia de hoy en día y podemos afirmar que es una forma de adaptarse al capitalismo, según afirman algunos eruditos en la materia como Alfonso Lazo Díaz.

    También utiliza Bernstein otra imagen: El piloto de un avión que va volando sobre el mar y observa la Estrella Polar y que pone rumbo hacia ella. Sabe que nunca va a llegar hacia ella (esto sería el comunismo), pero también sabe que no se puede perder de vista ese camino.
   

      Hoy en día, podríamos presentar ciertos elementos que definen hoy lo que es un partido socialdemócrata.

      Los partidos socialdemócratas son partidos obreros. Esto no significa que sean partidos donde la mayor parte de sus afiliados pertenezcan a la clase obrera. La mayoría de los militantes del PSOE, PSF, PASOK, ETC. no son obreros.

      Tampoco significa que la mayor parte de los votos que reciba un partido socialdemócratas sea de votantes obreros.

      Dos ejemplos. En primer lugar, se funda un partido y recibe 10 votos. Se hace un estudio sociológico y 9 de los 10 son obreros. Pero el partido no tiene porqué ser un partido obrero. Otro ejemplo serían las últimas elecciones presidenciales en Francia. Allí ganó Chirac pero el segundo partido más votado fue el partido de extrema derecha liderado por Lepain. Y sin embargo, siendo un partido de extrema derecha y, por tanto, no obrero, la mayor parte de los votos que recibió fueron de obreros.

      Que un partido sea obrero quiere decir no que la mayor parte de sus votos vengan de la clase obrera, sino que si cogemos a la clase obrera en su conjunto, la mayoría de este conjunto vota a ese partido obrero (que no es exactamente lo mismo)

      Otro elemento que define a un partido socialdemócrata es que hay una estrecha unión entre el partido socialdemócrata y los sindicatos. Hasta tal punto que casi siempre los líderes del sindicato son afiliados del partido y con frecuencia los líderes sindicales son líderes de los partidos. Así, por ejemplo, Manuel Chaves antes de ser Presidente de la comunidad de Andalucía era miembro de la ejecutiva del PSOE y de UGT.
   

      Otro elemento característico de la Socialdemocracia es que la idea de la expropiación se abandona, sustituyéndose por la idea de tener como objetivo el acercamiento a la igualdad a través de la redistribución de la riqueza a través de los impuestos progresivos sobre la renta.

    Lo que hace el partido es incrementar el impuesto sobre la renta, sobre todo su progresividad. La filosofía de la idea del impuesto es distinta para un conservador que para un socialdemócrata. Para un conservador el impuesto es algo que yo le pago al Estado para que me de unos servicios determinados. La mentalidad socialdemócrata es diferente. Yo pago impuestos no para recibir yo un servicio a cambio, sino para que reciban un servicio los que lo necesitan de verdad.

      Por último, otro elemento definidor de un partido socialdemócrata es que estos partidos son creadores y defensores del Estado del Bienestar, es decir, de la escuela pública gratuita, la Sanidad pública gratuita, Seguros Sociales, etc.

    Hoy en día, en la mayoría de los países de Europa hay gobiernos de derecha. Entonces podemos sacar la conclusión de que en la lucha entre la Socialdemocracia y la derecha, ha perdido la guerra la Socialdemocracia. Y precisamente esto ocurre no porque la Socialdemocracia haya perdido la guerra, sino precisamente porque la ha ganado. La derecha ha pasado de apoyar al Antiguo Régimen a ser democrática, en un primer momento sólo  defendiendo la democracia y no queriendo el Estado del Bienestar; para llegar a la situación de hoy en día, en la que la derecha ha pasado también a aceptar el Estado del Bienestar. La derecha al adaptarse y aceptar los postulados del Estado del Bienestar, ha aceptado los postulados defendidos por la socialdemocracia. Hay está la victoria para muchos de la socialdemocracia.

      ¿Dónde hallar ahora la diferencia entre izquierda y derecha? Este debate hoy se nos antoja muy complejo, pues ciertamente al escuchar muchos discursos políticos en la actualidad es difícil hallar tal diferencia, pues la mayoría de los discursos políticos actuales ponen el acento más en su capacidad de gestión de recursos y problemas que en otros asuntos, máxime cuando sus principal objetivo es la mayor calidad de vida posible para la mayor cantidad de población.